María del Carmen perdona y entierra a esposo que la abandonó

Lo enterré porque era el padre de mis hijos: la historia de María del Carmen, la mujer que perdonó después de 40 años

Irapuato, Guanajuato.- María del Carmen Flores González fue abandonada por su esposo dejándola con tres hijos y uno en camino, después de cuarenta años regresó, le pidió perdón, murió y lo enterró gastando sus ahorros.

María del Carmen ha caminado entre tianguis y calles vendiendo chacharitas. Ropa usada, pequeños artículos, lo que le regalen, lo que pueda comprar para revender. Se los dejo en 80, dice con una sonrisa tranquila. A veces gana 100 pesos al día. A veces apenas siete.

Pero detrás de su puesto ambulante hay una historia de abandono, lucha y perdón.

Madre a los 15 años

María del Carmen se casó en 1967, cuando apenas tenía 14 años. A los 15 ya era madre. Su primera hija nació en 1968. En 1972 llegó la tercera, y en 1973 el cuarto hijo. Para entonces, su esposo ya la había dejado.

Me dejó embarazada… y con los otros tres chiquititos, recordo.

Era 1972. Tenía cuatro hijos pequeños, de cuatro, tres, dos años y uno en camino, cuando el hombre que prometió acompañarla se fue sin mirar atrás. No volvió a verlos ni a hacerse responsable.

Sin más opción, regresó a la casa de su madre. La recibió, pero con una advertencia severa: podía quedarse con los hijos que le había dejado su marido, pero si volvía a salir embarazada, tendría que irse sola. María entendió el mensaje.

Yo nunca me aloqué, dijo con firmeza. Tuvo pretendientes, amiguitos, noviecillos, pero decidió no rehacer su vida. Su prioridad eran sus hijos.

Trabajar para sobrevivir

Trabajó donde pudo: en la empacadora del Montehasta que una inundación arruinó la maquinaria; en tortillerías; lavando y planchando; en locales sobre el mercado. Cualquier empleo era bueno si significaba comida en la mesa.

Crió sola a sus cuatro hijos.

Hoy, la mayor tiene 57 años. Dos viven en Los Ángeles, uno en Tijuana y la menor en San Francisco del Rincón, donde su yerno tiene una fábrica de tenis. Entre todos la apoyan cuando pueden.

Pero María nunca dejó de trabajar. Vive sola en un pequeño cuarto al otro lado de la ciudad. Vivo a gusto, afirmó. No me meto con nadie ni nadie se mete conmigo.

El regreso inesperado

Durante más de 40 años no supo nada de su esposo. No llamó, no ayudó, no preguntó por sus hijos.

Hasta que hace cinco años, cuando estaba muriendo, mandó llamarla.

No tenía dinero. Temía que, al fallecer, lo enviaran a una fosa común. Fueron sus cuñadas quienes fueron por María para llevarla a verlo.

Porque sí era mi esposo… padre de mis hijos, explicó.

Frente a ella, el hombre que la abandonó lloró y le pidió perdón.

Sus hijos reaccionaron distinto. El que nunca lo conoció le reclamó: ¿Tú estás bien de tu cabecita? Él nunca nos dio nada. Se negó a aportar dinero para el funeral.

Pero la hija mayor intervino: Nosotros no somos gente para juzgar a mi papá. Vamos a ayudarle a mi mamá para enterrarlo. Va a ser lo último que vamos a hacer por él.

María gastó sus ahorros, incluso el dinero que recibía de apoyo social. Ahí se me fue, dice. Entre todos lograron darle sepultura cristiana.

Ya adiós… que Dios te acompañe, recordó que le dijo.

La dignidad intacta

Hoy María del Carmen sigue vendiendo en los tianguis. Hay días buenos y días malos. Hubo ocasiones en que solo vendió siete pesos, apenas lo suficiente para comprar tortillas.

Pero no se queja.

Vivo a gusto, repite. Llevo buena amistad con toda la gente.

Su historia no es solo la de una mujer abandonada. Es la de una madre adolescente que sostuvo a cuatro hijos sola. La de una trabajadora incansable que nunca se rindió. Y la de una mujer que, pese al dolor, eligió el perdón.

Después de 40 años de silencio, no recuperó un matrimonio. Recuperó algo más difícil: su propia paz.

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