Las tradicionales Gorditas de Horno de Don Genaro en Cuerámaro

"No son cualquier antojito": Don Genaro Cervantes encontró en esta comida tradicional una forma de salir adelante y preservar una identidad que resiste al paso del tiempo

Cuerámaro, Guanajuato.- En el corazón de Cuerámaro, entre el aroma a maíz cocido y el calor del horno, hay un sabor que resiste al tiempo: las tradicionales gorditas de horno. No son cualquier antojito; son parte de la identidad del municipio y del esfuerzo diario de quienes, como don Genaro Cervantes, encontraron en la cocina una nueva forma de salir adelante.

Don Genaro habitante de El Platanal, se instaura en un punto ya conocido por quienes buscan algo auténtico las afueras del mercado por la parte trasera. Ahí, con manos curtidas por años de trabajo, ofrece gorditas hechas a base de maíz, rellenas de queso y chile, algunas espolvoreadas con piloncillo, otras más de trigo y harina, todas horneadas con paciencia.

“Son típicas de aquí de Cuerámaro”, dijo con orgullo. Y no es para menos. Cada gordita lleva queso que él mismo elabora. Compra la leche y, un par de veces por semana, produce alrededor de 10 quesitos, suficientes para mantener viva su pequeña producción.

Aunque hoy su oficio es la venta de gorditas, don Genaro no siempre estuvo entre hornos. Durante años trabajó en el campo sembrando cebolla, tomate, calabacita, maíz y frijol. Sin embargo, la realidad lo obligó a cambiar de rumbo.
“Ya no deja el campo”, explicó. “Pagan muy barato y no se alcanza ni a mantener uno. Todo está bien caro”.

Hace año y medio decidió empezar con las gorditas. Al principio el movimiento era mejor; hoy, dice, está “más calmado”, pero aun así logra vender entre 120 y 150 piezas por jornada, a 17 pesos cada una. La mayoría de los días se le terminan.

Se coloca principalmente domingo y lunes, y algunos otros días dependiendo de si le queda producto. Las gorditas se preparan desde temprano y son del día, recién hechas, como manda la tradición.

Al partir una de chile rojo, el vapor y el aroma confirman lo que la gente repite una y otra vez: “están bien buenas”. No solo alimentan, también cuentan una historia de resistencia, de adaptación y de orgullo local.

Las gorditas de horno de Cuerámaro no son solo maíz, queso y chile. Son el reflejo de un hombre que dejó el surco, pero no el trabajo; que cambió la milpa por el horno, y que hoy, con cada venta, mantiene viva una tradición que sabe a esfuerzo y a hogar.

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