
Irapuato, Guanajuato.- En los últimos días del año, los puestos de ropa interior de colores se convierten en un termómetro silencioso de los anhelos de la gente. Rojo para el amor, amarillo para el dinero, azul para la salud, blanco para la paz, verde para la esperanza, rosa para la amistad y negro para el lujo o la lujuria. Cada color representa un deseo distinto para el año que está por comenzar. Sin embargo, entre telas y supersticiones, una tendencia se repite con claridad: hoy, el dinero pesa más que el amor.

Vendedores coinciden en que, aunque el rojo sigue siendo un clásico, el verdadero protagonista de la temporada es el amarillo. “A la gente le gusta mucho el dinero, más que el amor”, comentó una comerciante mientras acomoda su mercancía. La observación no es casual ni aislada; se refleja directamente en las ventas.
Los proveedores, por tradición, fabrican más prendas rojas que amarillas, asumiendo que el amor sigue siendo la prioridad. No obstante, la realidad del mercado contradice esa lógica. “Cuando abrimos paquetes nuevos, los amarillos prácticamente vuelan”, explico. En un paquete de doce piezas, apenas cuatro o cinco son amarillas, pero esas son las primeras en agotarse. Los rojos, en cambio, se quedan rezagados, esperando a que alguien aún apueste por el romance.

El fenómeno habla de una sociedad que enfrenta incertidumbre económica, donde la estabilidad financiera se ha convertido en un deseo urgente. La salud, la paz y el equilibrio siguen presentes, pero no generan la misma demanda. El mensaje es claro: en la balanza de los rituales de fin de año, el bolsillo pesa más que el corazón.
Aun así, las ventas continúan y los colores cumplen su función simbólica. Cada prenda vendida es una pequeña esperanza envuelta en tela. Pero entre tantos tonos, el amarillo brilla con más fuerza, recordando que, para muchos, el próximo año se sueña menos con amor eterno y más con prosperidad económica.