Iconoclasia y antifeminismo: los dos polos que se encuentran

Dos hombres y una mujer enfrentaron a las manifestantes por las mujeres desaparecidas, discriminadas y violentadas; a los dos hombres los detuvieron

Guanajuato, Guanajuato.-  Mujeres desaparecidas, mujeres violentadas, mujeres discriminadas; un Congreso del Estado que ha rechazado cinco veces en siete años propuestas legislativas para despenalizar el aborto. La rabia contenida de las defensoras por los derechos de las mujeres estalló este 8 de marzo con pintas a destajo, vidrios rotos y quemas de puertas en la Alhóndiga de Granaditas y el teatro Juárez. Esta vez, empero, la noticia fue que una mujer de la tercera edad y dos hombres, supuestos extranjeros, las enfrentaron. A ellos los detuvieron.

La manifestación inició a las cinco de la tarde con un contingente de unas 300 personas, en su mayoría mujeres. Algunas tenían pañuelos verdes o morados, pero las que en ese momento no se dejaban ver eran mueres con ropajes de color oscuro y caras cubiertas: el bloque negro.

Mientras el grueso de mujeres lanzaba consignas y mostraba pancartas, el bloque negro, unas diez, comenzaba a pintar los muros de los edificios de la zona. Cuando la marcha se aproximaba a Plaza de la Paz, el bloque negro intentaba hacer pintas en las escalinatas de la Universidad de Guanajuato, donde se había programado una segunda parada.

Ahí, empero, una mujer de la tercera edad se les opuso. Se paró en uno de los escalones y con su palabra y el bastón con el que lentamente podía caminar, logró que desistieran. Minutos después ahí fue el segundo mitin.

El bloque negro se dividió en dos grupos: uno continuó por Positos y otro por Juárez. En ambas vías hicieron pintas, pero en la segunda hubo vidrios rotos en un negocio. El grueso siguió su marcha hacia la Alhóndiga de Granaditas.

No llegaban cuando el bloque negro hizo pintas en el muro del edificio y prendió fuego a dos puertas del lado de las escalinatas. Cuando la marcha llegó, las mujeres y sus acompañantes leyeron un posicionamiento al que ya nadie le importaba su contenido: la nota y el grito en el cielo de sectores de la población eran por las pintas, los vidrios rotos y los incendios.

Cantaron “Canción Sin Miedo” y, también sin miedo, parte de las manifestantes se regresó al Juárez, de donde unas dos horas y media antes habían salido. Ya el bloque negro había traspasado las vallas.

Cuando llegaron unas cien mujeres, comenzó el ceremonial de la iconoclasia: botellas con gasolina y mechero estallaron en la puerta central, misma que está cubierta desde el año pasado por una plancha de metal pintada como estaba antes: con barrotes.

Fue entonces que de nuevo la señora mayor intentó detenerlas. Aunque las amagó con su bastón, esta vez no hubo disuasión: las del bloque negro la fueron empujando cuidadosamente. Ella no se atrevió a usar el bastón ante ocho chicas, fornidas las más, que la alejaban a empujones leves, pero constantes.

Fue entonces que un hombre intervino y comenzó a empujar a mujeres para llegar hasta donde estaba el fuego, con la intención de impedir que prendieran más puertas. Recibió golpes e insultos y le lanzaron botellas con agua y otros objetos.

Las mujeres contraatacaron y a golpes y empujones lo echaron escalones abajo. Las mujeres lograron derribarlo con el apoyo de hombres aliados y el agresor cayó al suelo y comenzó a ser pateado.

Ya para entonces otro hombre se abría paso a golpes para auxiliarlo. Otros hombres del bando feminista terciaron en la trifulca mientras mujeres policías se aproximaban y rescataban a los que se habían atrevido a enfrentar a las manifestantes.

El fuego consumió a la gasolina por unos minutos más, mientras ellas gritaban. El bloque negro fue cobijado por decenas de “aliades”, mientras los detenidos eran llevados a los separos. Más tarde se les identificaría como Alberto N. y Gary N., supuestos estadounidenses procedentes de California. En la foto salen sonrientes y dignos, sintiéndose héroes que trataron de salvar a un edificio histórico. Debajo de sus fotos pululaban lo mismo las mentadas de madre que los aplausos.

Caso dos horas más tarde, la presidenta municipal Samantha Smith comunicaba en sus redes digitales las fotos de los detenidos y escribió que no iba a tolerar la violencia contra las mujeres. En los comentarios le tundieron por “no defender” a los monumentos y negocios afectados.

En las redes se armó el debate con cuestionamientos e insultos mutuos.

Las mujeres que el pasado 25 de junio salían molestas porque la mayoría panista y aliadas rechazaban la despenalización del aborto, este domingo 8 de marzo mostraban en pancartas, pintas, vidrios rotos y quemas, su frustración; las que ese día rezaron para agradecer a Dios, esta vez rumiaban rabia.

La lucha contra la violencia hacia la mujer abría un nuevo frente de batalla… entre mujeres.

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Periódico Notus
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