
Irapuato, Guanajuato.- “Los dejo con Dios y arriba la Trinca. Y chingue su madre el que no grite”, dijo desde el hospital una de las aficionadas más fieles de la Trinca antes de su fallecimiento. Sonia Mireles Ibarra vivió como parte indispensable de la porra fresera desde una butaca en la Puerta 7 del estadio.
La afición y el club deportivo Irapuato reconocieron su imagen como un ejemplo de lealtad y amor por el deporte y por el equipo. Sonia murió a los 69 años, al parecer, por complicaciones de salud: “Su pasión por estos colores la llevó a seguir alentando incluso cuando su salud era delicada. Ese amor forma parte de nuestra historia y merece ser recordado por toda la familia fresera”, destacó el Deportivo Irapuato.
La aficionada formó parte de la porra femenil y después se integró a la porra mixta, dándoles la bendición a los jugadores, compartiendo alimentos, buenos deseos y consejos con otros seguidores de la trinca. Ahora será recordada por sus conocidos por su “enorme corazón” y una de sus frases más emblemáticas “Freseros hasta los ovarios”.


