La invitaron a tomar cerveza y estuvieron a punto de terminar en duelo de espadazos

Entre tragos y coqueteos en una cantina de Hermosillo, la noche de dos compadres pasó a una revelación inesperada

Hermosillo, Sonora.- Mayel y Jesús observaron que la dama de la mesa de enfrente les sonreía y les hacía ojitos. Levantaron sus botellas para lanzar un brindis, pero ella tenía las manos vacías. Lo caballeroso era invitarla a la mesa.

La cantina más popular de la colonia Nuevo Hermosillo hervía de parroquianos. El cantinero miraba de reojo la escena y esbozaba una risilla burlona al observar al trío. Para él, entre más bebieran, más ganaba.

Una y otra y otra cerveza, hasta que la mesa se llenó y los generosos caballeros comenzaron con la tanda de besos a ella que se dejaba querer al ritmo de las cervezas solicitadas.

“¡Eres tan be’a, tan be’a, tan be’a!”, piropeaba uno de ellos mientras que buscaba besarla. Ella se resistió al principio, pero como la carne es débil y las cervezas la debilitan aún más, cedió al acoso de los varones.

Todo marchaba muy bien hasta que uno de ellos extendió las manos en el área chica, en busca de la esquina donde las arañas tejen su nide. Hurgó por debajo de los ropajes y encontró algo extraño. No era el control remoto que se perdía cuando retozaba con la esposa. Aquello resultó un “¡tirotitote!” y entonces ardió Troya:

“¡Campadre: esta vieja es un …abrón!”.

El compadre al principio, no la creyó y debió comprobar lo dicho. “¡Ah, jijo: te la cambio!”.

El dúo de galantes pasó del sueño de un trío sin guitarras a la cámara húngara y comenzaron el traca, traca: la dama comenzó a correr para evitar más golpes. Una nada romántica voz ronca les pedía serenidad y paciencia y el cantinero, al ver que esa venta había llegado a su fin, llamó al 911.

Llegó la policía y arrestó a Gregorio N., quien tenía la socorrida la costumbre de vestirse de mujer para tomar de “gorra”. Se lo llevaron preso.

Los dos alegres compadres se acordaron de los besos que dieron y recibieron de tan hermosa representación y les llegó el vómito. La botana terminó en la taza del baño.

Concluido el desahogo, se aprestaron a ir a la comisaría. En el camino llamaron a un abogado para ver qué procedía. Tenía que hacerse justicia ante un presunto delito de fraude acompañado con daño moral.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button
Periódico Notus
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles. Aquí más información