
Irapuato, Guanajuato.- La noche cayó sobre el auditorio del Festival de Intervenciones Urbanas (FIU) en Irapuato con una promesa latente: la de convertir al público en protagonista. No hubo telón solemne ni distancia ceremonial. Desde el primer acorde, Zaiko Circo rompió la frontera invisible entre escenario y butacas, y lo que parecía una presentación se transformó, casi de inmediato, en una experiencia compartida.
Artistas y público se reconocieron desde el inicio. La interacción fue natural, fluida, como si todos supieran de antemano que esa noche nadie estaba ahí solo para mirar. Los músicos, de origen europeo, comenzaron a involucrar a los asistentes con gestos, miradas cómplices y movimientos que invitaban a participar. Poco a poco, la audiencia dejó de ser espectadora y se integró al desarrollo del espectáculo.

El momento más celebrado llegó cuando un niño fue elegido para coordinar al ensamble. Frente a él, el director le enseñó los movimientos básicos de la batuta y el poder de la expresión corporal. Bastaron unos segundos para que el pequeño asumiera el papel con seriedad y asombro. Cada gesto suyo provocaba una reacción inmediata en los músicos: aceleraban, se detenían, exageraban. Las risas estallaron entre los asistentes, contagiados por la espontaneidad del improvisado director y la disciplina juguetona del ensamble.
Como si el escenario ya no fuera suficiente, unos saltimbanquis aparecieron de la nada por un costado, ejecutando movimientos extraños y precisos al compás de la música. Sus cuerpos parecían dibujar la melodía en el aire. Con ellos llegó la invitación abierta: levantarse, moverse, imitarlos. El público aceptó el reto y el auditorio se convirtió en un espacio vivo, en constante transformación.

El asombro se multiplicó cuando tres monstruos sobre zancos emergieron y se mezclaron entre la gente. Altos, imponentes y festivos, caminaron entre las filas, saludaron, jugaron con las miradas y confirmaron que esa noche el FIU no solo se veía: se vivía.
Poco a poco el público se fue desinhibiendo de los comportamientos sociales, de los prejuicios y comenzaron a soltar el cuerpo comenzando por la cabeza, hasta llegar a los pies, en donde ya no fue posible parar, necesariamente los asistentes comenzaron a levantarse de sus asientos y participaron en una danza multitudinaria que tuvo como testigo a las cupulas del templo del Convento.

“No podemos dejar de bailar, estamos hipnotizados” señaló don Juan quien ante el ímpetu de la algarabía tiró a uno de los saltimbanquis. Pero el incidente fue tomado como parte del festejo y todo continuo como si nada hubiera pasado y Juan y artista comenzaron nuevamente a bailar.
Así, entre risas, música y cuerpos en movimiento, Zaiko Circo inauguró las actividades del Festival de Intervenciones Urbanas con un espectáculo sensacional, dejando claro que el FIU no es un evento que se observa a distancia, sino un encuentro donde la ciudad, el arte y su gente se funden en un mismo acto.