
Irapuato, Guanajuato.- El irapuatense Miguel Ángel Amador ya vive la adrenalina de dirigir desde el banquillo. Hoy está al frente de los Delfines de Abasolo, en lo que representa su primera experiencia formal como director técnico, pero detrás de ese reto hay años de preparación, estudio y trabajo silencioso.
Para Miguel, ser director técnico va mucho más allá de lo que el aficionado observa durante los 90 minutos de partido.
“La esencia de ser director técnico es ser un líder, pero un líder positivo en la cancha, a través del convencimiento ante el jugador”, explicó. Y aclara que dirigir no es solo manotear desde la línea lateral, sino planificar, evaluar, dosificar cargas, analizar rivales, estudiar variantes tácticas y trabajar cada detalle durante la semana.
Su historia con el fútbol tomó un giro inesperado. En preparatoria, una lesión y posterior cirugía lo dejaron fuera de un torneo. Sin poder jugar, fue invitado como auxiliar técnico. Esa experiencia cambió su rumbo.
Aunque inicialmente quería estudiar Derecho, terminó formándose en la Universidad del Fútbol en Pachuca, donde cursó preparación física y dirección técnica, mientras colaboraba en fuerzas básicas.
La pandemia lo trajo de regreso a Irapuato, donde encontró oportunidad en clubes locales. Pasó por procesos en Querétaro, León, Tulancingo y Salamanca, desempeñándose principalmente como preparador físico, una faceta que le apasiona profundamente.
Sin embargo, el destino volvió a empujarlo.
La invitación para tomar las riendas de Delfines de Abasolo llegó como un desafío mayor. No es sencillo —reconoce— que a un entrenador joven le confíen un equipo sin experiencia previa como técnico principal.
“Es un reto muy importante para mí. No es fácil que te abran las puertas como entrenador”, admite.
En estos primeros meses, el mayor desafío ha sido convencer a jugadores de entre 16 y 21 años de asumir la disciplina que exige el alto rendimiento. Muchos compaginan estudios, trabajo y responsabilidades familiares.
“Creo que lo más difícil ha sido convencer al jugador. Hay que educarlos en la constancia. Los grandes sacrificios son los que te llevan al éxito”, sostiene.
Para ello recurre a ejemplos de figuras internacionales como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, no por la fama, sino por la disciplina y el sacrificio que los llevaron a la élite.