
En una sociedad que parece tener prisa para todo, también hemos comenzado a vivir el amor con urgencia. Tener pareja se ha convertido, para algunas personas, en una especie de meta que debe cumplirse cuanto antes.
“¿Y tú para cuándo?”, “ya deberías encontrar a alguien”, “se te está pasando el tiempo”, son frases que, aunque suelen decirse con ligereza, pueden terminar instalándose en la mente de quien está solo como una exigencia: necesito una pareja para estar bien.
El problema no está en desear compartir la vida con alguien. El deseo de amar, ser amado, construir un proyecto común y tener compañía forma parte de nuestra condición humana. La dificultad aparece cuando ese deseo se transforma en desesperación y comenzamos a buscar una relación no porque hayamos encontrado a alguien con quien queremos construir, sino porque sentimos que necesitamos a alguien que llene un vacío que no sabemos cómo enfrentar.
Continúo con una pregunta que en este sentido resulta particularmente interesante: ¿qué estamos buscando realmente cuando buscamos desesperadamente una pareja? Porque detrás de la necesidad de “tener a alguien” puede esconderse el miedo a la soledad, la necesidad de reconocimiento, el temor a no ser suficiente o la fantasía de que otra persona podrá reparar aquello que nos duele.
Cuando la pareja se convierte en una respuesta para todas nuestras carencias, corremos el riesgo de idealizar al primero que aparece. Dejamos de preguntarnos quién es realmente esa persona y comenzamos a imaginar quién queremos que sea. La necesidad puede hacernos confundir atención con amor, intensidad con intimidad y dependencia con compromiso.
Y es precisamente ahí donde algunas personas terminan aceptando relaciones que, en otras circunstancias, jamás aceptarían. Toleran indiferencia, celos, control, humillaciones o ausencias porque el miedo a quedarse solos parece ser más grande que el sufrimiento de permanecer en una relación que les hace daño. Paradójicamente, la desesperación por no estar solos puede conducirnos a relaciones en las que nos sentimos profundamente solos.
También existe una presión social que no podemos ignorar. Pareciera que estar en pareja representa éxito, estabilidad o incluso valor personal. Las redes sociales contribuyen a esta ilusión: fotografías de viajes, aniversarios, cenas románticas y declaraciones de amor pueden construir la fantasía de que todos los demás encontraron “a su pareja”, mientras nosotros seguimos esperando y/o viendo como los demás son felices y yo no. Pero las redes muestran momentos, no necesariamente historias completas o que sean precisamente reales.
Quizá por eso valdría la pena cambiar la pregunta. En lugar de preguntarnos desesperadamente “¿cuándo voy a tener pareja?”, podríamos preguntarnos: “¿para qué quiero una pareja?”. No es la misma pregunta. La primera nace de la carencia y la urgencia; la segunda abre la posibilidad de reconocer nuestro deseo.
Estar solo no significa estar incompleto. Una persona puede desear profundamente una relación y, al mismo tiempo, sentirse valiosa, disfrutar su vida, tener proyectos, vínculos afectivos y construir una identidad propia.

Psicoterapeuta individual y de pareja
Contacto profesional: https://unasolucion.com.mx/armando-arredondo/

