¿Te imaginas vivir sin agua potable por más de siete años?

“Sin agua no vives”: la larga espera de Don Roberto en la comunidad de Soledad de Vargas, en Abasolo

Abasolo, Guanajuato.- Durante seis años, en la casa de Don Roberto García el día comenzaba con la misma pregunta: ¿qué vamos a tomar hoy? No era una frase hecha ni exagerada. Era la incertidumbre diaria de no tener agua potable para beber, bañarse, lavar la ropa o usar el baño.

Sentado frente al pozo perforado, pero sin bombas ni equipamiento, ni red, señaló las dificultades que conseguir el líquido implica, cargar burros con botes y recorrer caminos hacia ranchos vecinos.

“Ahí le batallábamos. Nos subíamos al burro y le echábamos unos botecitos y a traer de otras comunidades donde había agua. O, cuando había suerte, nos mandaban pipas”, relató.

La ayuda, aunque valiosa, no siempre era suficiente. Había jornadas en que la familia debía esperar hasta el mediodía para poder beber. El trabajo del campo seguía, pero la preocupación por el agua acompañaba cada hora.

Cuando el río cercano llevaba corriente, algunos aprovechaban para darse una remojada. Pero en temporada de sequía ni siquiera eso era posible. “Sí le batallamos mucho”, repitió, como si las palabras aún pesaran.

La escasez también golpeaba el bolsillo. Entre gasolina, traslados y compras eventuales, el gasto podía alcanzar entre 400 y 500 pesos por semana para conseguir alrededor de tres mil litros. Eso obligaba a dejar otras necesidades en pausa.

Lavar la ropa se volvía un lujo. A veces debían esperar una semana o más; reutilizar prendas era parte de la rutina. Todo giraba alrededor de administrar hasta la última cubeta.

Para Don Roberto, la enseñanza que deja esa etapa es clara: “Puedes vivir sin luz, sin drenaje, sin cualquier otra cosa, pero menos sin agua. El agua es lo primordial para el ser humano”.

Hoy, al mirar los postes, las instalaciones y el avance del equipamiento, su tono cambia. Donde antes hubo resignación, ahora hay expectativa.

“Ya estamos viendo esperanzas. Gracias a Dios ya no tardamos en tener el agua potable”, dijo con una sonrisa que resume años de esfuerzo.

La historia de Don Roberto es la de muchas familias que resistieron el desabasto y que ahora confían en que, por fin, abrir la llave dejará de ser un sueño para convertirse en parte de la vida cotidiana.

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Periódico Notus
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