
Huanímaro, Guanajuato.- Luz Rosales ha decidido que la tristeza no sea la protagonista de sus días; la Reina de la Senectud de Huanímaro, disfruta salir, convivir, bailar, hacer ejercicio y representar con orgullo a sus compañeras del gerontológico.
Luz vive sola en su comunidad de Otates, un lugar que describe como tranquilo y silencioso. No tuvo hijos y hace tiempo perdió a su esposo, quien, según relató durante una entrevista, fue asesinado en un bosque. Una experiencia dolorosa que, sin embargo, no le ha impedido continuar disfrutando de la vida.
“No, adelante vamos”, expresó Luz al hablar de cómo ha afrontado las circunstancias que le ha tocado vivir.
Su historia es también la de una mujer que se niega a asociar la tercera edad con el aislamiento o el aburrimiento. Aunque pasa buena parte del tiempo en casa, asegura que sale cada vez que la invitan y disfruta especialmente participar en las actividades de sus compañeras.
Una reina elegida por sus compañeras
Luz llegó a ocupar el título de Reina de la Senectud de una manera que, para ella, representa un reconocimiento especial: fueron sus propias compañeras quienes la eligieron contó con sencillez.
La elección se realizó mediante votación y, de acuerdo con su relato, todas votaron por ella. Así, Luz recibió de manera unánime la responsabilidad de representar a las personas adultas mayores de Huanímaro.
Aunque cuando se le pregunta qué cualidades encontraron sus compañeras en ella para darle su voto responde modestamente que no sabe, su entusiasmo y disposición para convivir parecen hablar por sí mismos.
Su relación con las actividades para adultos mayores viene de años atrás. Luz recuerda que ha estado vinculada al Gerontológico de Huanímaro desde que se colocó la primera piedra; desde entonces participa en las juntas y actividades, una rutina que no ha abandonado.
En ese espacio encuentra parte importante de su vida social. Ahí, dice, bailan, hacen ejercicio, elaboran flores y realizan diversas actividades que les permiten mantenerse activas y convivir pues para Luz, envejecer no significa quedarse en casa esperando que pasen los días.
Desde que recibió la corona, Luz ha comenzado una nueva etapa llena de compromisos y experiencias. Aunque apenas comenzaba su recorrido como reina al momento de la entrevista, ya tenía claro que quiere participar y acudir a donde sea invitada.
Su presencia no pasa desapercibida. Con su tiara, banda y siempre bien arreglada, Luz disfruta representar a Huanímaro.
Uno de sus primeros compromisos fue en San Juan, después de haber sido elegida como reina. Para ella, cada invitación representa una oportunidad para conocer lugares, convivir y llevar consigo el nombre de Huanímaro.
Luz es originaria de Otates, comunidad que describe con cariño como un sitio “muy silencio” y tranquilo. Ahí está su hogar, pero no es un lugar que limite sus ganas de salir y convivir. Por el contrario, Luz mantiene una estrecha relación con sus compañeras y asegura que se lleva bien con todas.
Cuando se le pregunta quién es su mejor amiga, su respuesta refleja precisamente ese espíritu de compañerismo: “Todas”.
Porque para la Reina de la Senectud de Huanímaro, la vida no se trata solamente de lo que se ha perdido, sino también de las personas que permanecen, de las nuevas experiencias y de las oportunidades para seguir sonriendo.
Luz Rosales ha atravesado momentos de soledad y dolor, pero hoy lleva una corona que simboliza mucho más que un título: representa la vitalidad de una mujer que, pese a las adversidades, decidió continuar adelante, salir de casa, convivir y disfrutar cada etapa de su vida.

