
Irapuato, Guanajuato.- Gerónimo García, joven comerciante de Irapuato, busca ganarse la vida de manera honrada antes de inmiscuirse en actividades delictivas.
Entre el bullicio de las calles de Irapuato y el movimiento de quienes buscan algún artículo para celebrar las fiestas patrias, Gerónimo se abre paso con su mercancía. Banderas, muñecos y diversos artículos tricolores forman parte de su puesto, ubicado enfrente del templo del Santuario, pero detrás de cada producto existe una historia de esfuerzo que comenzó cuando apenas tenía 15 años.
Aunque reconoció que comenzó a dedicarse de lleno al comercio hace apenas tres o cuatro años, su relación con las ventas viene desde la infancia, cuando acompañaba a su padre. Fue en las calles donde descubrió que le gustaba tratar con la gente, ofrecer sus productos y obtener mediante su propio esfuerzo el dinero para salir adelante.
Gerónimo llegó hasta la preparatoria, pero decidió dejar los estudios para incorporarse al comercio. No fue una decisión sencilla, pero encontró en las ventas una actividad que le gustaba y en la que se sentía identificado. “Siempre me he sentido muy identificado con lo que es el comercio, con lo que es la calle, la gente que trabaja, la gente que se esfuerza”, relató.

Septiembre es una de las temporadas que más disfruta, porque le permite vender artículos que representan algo que lleva con orgullo: ser mexicano. Para él, colocar una bandera o un muñeco patrio en manos de una familia no solamente significa concretar una venta, sino compartir parte de ese sentimiento que tiene por sus raíces.
Pero cuando termina la temporada de las fiestas patrias, Gerónimo no se queda esperando. Cambia de mercancía y continúa recorriendo las calles. Entre los productos que comercializa están los plumeros, un oficio que aprendió de su abuelo y que representa también una parte de la tradición familiar. Aunque todavía no sabe fabricarlos, le gustaría aprender algún día.
Su abuelo también le enseñó una de las principales lecciones del comercio: caminar, acercarse a las personas y ofrecer el producto. Gerónimo todavía conserva esa forma de trabajar y, cuando puede, acompaña a su abuelo para visitar a los clientes que durante años ha ido construyendo.
Para Gerónimo, las calles se han convertido en su lugar de trabajo y el comercio en una alternativa para construir su futuro. Frente a las dificultades que enfrentan muchos jóvenes, sostiene que hay caminos que, aunque requieren sacrificio, permiten obtener ingresos de manera honrada.
“Yo prefiero ganarme el dinero trabajando, aunque tenga que andar en la calle, que andar delinquiendo como varios jóvenes”, señaló convencido de que el esfuerzo diario es una mejor opción para salir adelante.
Con una bandera entre las manos y el llamado constante a los clientes, Gerónimo continúa recorriendo Irapuato. Su historia es la de un joven que encontró en el comercio una manera de sentirse libre, de mantener viva una tradición familiar y, sobre todo, de demostrar que el trabajo honrado también puede ser un camino para construir una vida.

