
Abasolo, Guanajuato.- Axel nació el 9 de septiembre de 2013. Durante el embarazo, sus padres recibieron la noticia de que todo marchaba bien. Sin embargo, después de su nacimiento, una pediatra observó sus características y les informó que tenía síndrome de Down.
Axel tiene 12 años, disfruta jugar videojuegos, especialmente Mario Bros, le gusta la pizza y el pastel, pero entre sus sueños hay uno que comparte con mucha seguridad: quiere ser chef y algún día tener su propio restaurante. Sus padres, Beatriz y su esposo, trabajan para que ese sueño sea posible y, sobre todo, para que su hijo pueda convertirse en una persona independiente.
Para Beatriz, aquella noticia fue un golpe inesperado. Tenía apenas 18 años y desconocía prácticamente todo sobre el síndrome de Down. Sus lágrimas no fueron de rechazo hacía su hijo, sino del miedo ante un futuro que imaginaba lleno de dificultades. Se preguntaba si caminaría, hablaría, iría a la escuela o tendría que enfrentar burlas y discriminación.
Su esposo, sin embargo, se convirtió en su principal apoyo. “Podemos, amor, los dos juntos podemos”, recuerda Beatriz que le decía. Mientras ella enfrentaba una depresión, él tomó a Axel en sus brazos y desde el primer momento decidió que su hijo tendría las mismas oportunidades de salir adelante.
Con el paso de los años, Beatriz comenzó a informarse y descubrió que Axel podía llegar mucho más lejos de lo que inicialmente imaginaba. También aprendió a cuestionar las etiquetas que suelen acompañar a las personas con discapacidad. “No está malito, no tiene una enfermedad, tiene una condición”, explica.
Para sus padres, la inclusión comienza desde casa y también con la educación de los demás. Beatriz considera que los niños no nacen con prejuicios, sino que muchas veces los aprenden de los adultos. Por eso pide enseñarles que una persona con discapacidad no debe ser excluida, sino integrada a la sociedad.


