Un paseo por el tiempo… Los Viveros de Revolución

Kalimán, El Llanero Solitario, Rolando el rabioso, Walt Disney, La Familia Burrón  y Memín  Pinguín… eran parte de los cuentos que se alquilaban en aquella época: generación de los 50s-60s

Por: Juan José López Luna  Fotos: ADP.

Irapuato, Guanajuato.- Ahora que estamos padeciendo esta interminable pandemia sanitaria, se dice y con toda la razón, que la generación de los 50s-60s, está siendo exterminada, sí, aquella en que los niños con un centavo compraba un dulce o galleta, el que tenía una moneda de 10 ya casi era rico, que con aparatos de petróleo jugaban con los vecinos a brincar la riata o a los encantados, que ante la falta de televisión contaban cuentos o para ver a “Cachirulo” iban a una casa rica y pagaban 5 centavos, que se dormían 4-5 hermanos en un petate en el suelo y con una sola cobija…

que los que no tenían escuela hacían cochecitos de lodo con llantas de ficha de coca cola y monitos para jugar, que en el campo su trabajo era sacar a las chivas o vacas a pastar, otros a cortar y llevar leña para que hicieran la comida, que se juntaban para cortar horquetas de mezquite y pajarear o jugar a las canicas, al trompo  y con botecitos hacer un balero o un teléfono, que unos jugaban a la rueda de San Miguel o María Blanca y otros a la rueda o al gigante y en la noche al futbol con pelotas hechas de trapo y para que se viera la prendían…

aquellos niños que por horas contemplaban el cielo y se sabían las constelaciones y hasta descubrían otras, que los domingos iban a misa de 6 de la mañana, que tomaban agua de cualquier llave o manguera, que sin Xbox, ni Tablet o celular, ni internet eran felices, sencillamente porque fueron otros tiempos.

Bueno en esa época y todavía hasta los 90s, en Irapuato la vida era más vida y bonita que hoy día…

Las familias después del ajetreo de la semana, se organizaban para irse a media mañana de paseo a Los Viveros Revolución, que era la zona arbolada de la ciudad y donde había todo para vivir aventuras…

Cuando los desfiles del 16 de Septiembre y el 20 de Noviembre, terminaban en el estadio de futbol, era tradición que las familias de los jovencitos participantes ya los esperaban en algún sitio de los viveros y se hacía el día de campo más grande, cualquier lugar era bueno para tender cobijas manteles y cada familia disfrutaba su comida…

o cada domingo desde temprana hora los prados o jardines alrededor del estadio, la plaza de toros, la alberca olímpica y la arboleda de los viveros y los que aún quedaban del salón Carta Blanca se llenaban de familias que paseaban y mientras los jefes de familia se emocionaban con los juegos amateurs en los campos de tierra 1 y 2 en el  parque de béisbol y en el frontón, echándose unos taquitos dorados con repollo y salsa, o unas enchiladas con arto queso y chilitos en vinagre con su respectiva coca o Pepsi, los niños corrían a ganar los columpios, los volantines, el pasamanos, las sube y baja y las resbaladillas, otros se compraban un algodón de azúcar, un duro con chile, una paleta o una aguita del carrito de Don Juanito y unos más saboreaban las frutas frescas  de Don Pedro o se enchilaban con los charales, garbanzos y cacahuates de Don Jesús, pero otros preferían ir al pequeño zoológico redondo y ver a los animalitos o se entretenían leyendo los cuentos que se alquilaban a 5 y 10 centavos; Kalimán, El Llanero Solitario, Rolando el rabioso, Walt Disney, La Familia Burrón  y Memín  Pinguín…

Después de la comida los juegos eran sanos y divertidos, como una cascarita de fut en la alberquita, el voli bol con un globo, o el juguete de moda Peteka, dar vueltas en un patín del diablo o pasear en las bicicletas de Gil que alquilaba por 25 centavos la hora, sin faltar subirse al trenecito que rodeaba todos los viveros mientras se saboreaban una varita de dulce, una jícama, un perón, un pepino o un membrillo con chile y limón, y otros gustaban subir al puente de San José para pescar o ver el paisaje mientras los niños subían y bajaban corriendo, todo era felicidad y diversión…y ya para retirarse en la tarde las señoras iban al vivero para comprar diversas plantas de las que ahí se producían y con ellas adornar sus patios y corrales. Sí, la vieja generación de esos niños se está acabando y las historias también.

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