«Se cayó por la humedad nuestra casa y con ello todo lo que había dentro»

"Yo perdí la inocencia de que la vida era color de rosa a una vida de dificultades diarias": cuenta Rosalba Mosqueda

Irapuato, Guanajuato.- Catalogada como la tragedia más grande de la ciudad, donde el cielo se cayó a pedazos, el 18 de agosto de 1973 la inundación dejó pérdidas humanas y daños incalculables, marcando entre los Irapuatenses un antes y un después en la vida de quienes pasaron por esta experiencia.

La Psicóloga/Tanatóloga Rosalba Mosqueda Ibarra nos cuenta cómo lo vivió…

“La viví con mucho asombro, preocupación y descubrimientos que me causaba moverme de un lado a otro, mi curiosidad era fuera de lo común ahora lo pienso así, ya que a mis 4 años y 8 meses yo no me recuerdo miedosa o llorona sino valiente y activa resolviendo como ayudar a mi hermano que lloraba de hambre.

Me tocó ver que nuestra casa se iba volando el agua y nos iba subiendo por los pies, cuando el tío José nos sacó de casa ya traía el agua en las rodillas, nos cargó en su brazos y nos dejó en los trenes, ahí pasamos mucho tiempo con hambre, frío e inquietud, de ahí nos rescataron al Centro Juvenil Salesiano y vi muchos cuerpos sin vida en el piso, no tengo claridad de cuántas personas eran, pero gracias a Dios de mi familia cercana nadie falleció a pesar de haber estado al límite. Mi madre nos llevó a toda la familia a dar gracias a la Virgen de San Juan de los Lagos por habernos salvado.

Yo perdí la inocencia de que la vida era color de rosa a una vida de dificultades diarias, se cayó por la humedad nuestra casa y con ello todo lo que había dentro, juguetes ropa, fotos, de ahí nos llevaron a vivir a otra casa de un tío, la escuela fue un caos, creo que en esos momentos no pensaba solo me adecuaba, mis hermanos y yo hacíamos lo que teníamos que hacer, la vida seguía…

Después de perder todo, entre toda la familia se dieron la mano apoyándose, fue una época difícil durante la inundación, sin comida ni agua, ya después no recuerdo pasar hambre pues comida había aunque humilde, sopa de fideo con caldo de frijol.

Esa experiencia de la inundación me marcó en el tema de la muerte, eso se quedó en mi como un tatuaje hasta que yo estudié Tanatología, lo vivencié y acompañé, pero en aquél entonces no se sabía de psicólogos o algo así como terapia.” Concluyó.

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