Diálogo y trabajo artesanal

abelrojas

“Entre hilos y palma de artesanías
se tejieron puentes intergeneracionales
con anécdotas, consejos y confesiones».
Abel Pérez Rojas

…nací en una región –en Tehuacán, Puebla– en la cual sus habitantes literalmente entrelazaron confesiones, anécdotas, consejos y leyendas con hilos de colores, tiras de palma y plástico.

Durante gran parte del siglo XX en ese terruño –como en muchas partes del planeta- mujeres y hombres obtuvieron el sustento bordando prendas de vestir y tejiendo sombreros y bolsos, primero para consumo nacional y luego para exportación.

En aquellos días, familias enteras se reunían cobijados por alguna sombra y desde los más pequeños hasta los más ancianos combinaban la rutina manual con el intercambio verbal.

Actividades como esas enlazaban a las familias. Muy contrariamente ocurre hoy en día, primero porque el bordado y tejido manual va en extinción y, segundo, porque el ensimismamiento en nuestros dispositivos electrónicos ha propiciado que levantemos verdaderas murallas en la interrelación con los demás: encerrados en nosotros mismos reforzamos la incomunicación con quienes nos rodean, aún  con los seres más cercanos.

Esos encuentros laborales informales constituían un sitio de hacer común lo que parecía ajeno a unos y a otros, pero que a partir de compartirlos, es decir, de COMUNICARlos, nos percatábamos que surgían coincidencias en las problemáticas, en posibles soluciones y hasta en la forma de ver la vida.

Como se puede ver, en ese quehacer diario se establecían nodos de soporte a puentes intergeneracionales que, a su vez, fueron pilar de lo que éramos y de lo que somos.

Tal vez el tener ocupada parte de nuestra atención en la labor manual –como es el caso del tejido y bordado- provocaba que las palabras y los silencios fluyeran con mayor facilidad, a diferencia de cuando tenemos que establecer un diálogo o entrevista formal.

Probablemente esos lapsos que ganan los interlocutores combinando el diálogo con la elaboración de artesanías sean pautas muy similares a las que describen las famosas caminatas de los filósofos de la antigüedad con sus discípulos.

Platico. Tejo. Platico, miro a mi interlocutor, bajo la mirada. Busco la madeja siguiente. Escucho, miro de repente a mi interlocutor, hablo. Hago pausa. Pongo a contraluz mi lienzo… en fin, una especie de danza que combina el movimiento corporal, las palabras y el pensar.

Ahí surgieron los especializados en narrar leyendas de espantos, las madres que recomendaban los tés, las ancianas y sus peroratas a las solteras próximas a casarse, en fin, ahí había de todo y eran continuidad de las noticias matutinas recabadas en los molinos de maíz y que dieron pauta a respuestas como ésta: “no estoy enterada, no fui hoy al molino”.

Después de regresar a pensar en esas costumbres, de las cuales alguna vez fui parte en mi infancia, me queda claro que son descendientes de los encuentros en torno a la fogata, y que sirvieron en la antigüedad para socializar, para compartir saberes que fueron de gran valía en nuestro proceso de humanización.

Si vuelvo a esos días no es para mirarlos con la nostalgia que se genera cuando tomamos conciencia de que algo se fue para no regresar, sino para considerar que aún quedan ambientes como los que he descrito y que se niegan a morir. Que esos espacios merecen cultivarse, fortalecerse y sistematizar sus procesos de diálogo e interacción.

También regreso a esos momentos de diálogo y trabajo artesanal para encontrar sus símiles actuales y hallar los signos de sus pares futuros. Usted ¿cuántos conoce?

Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.

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