Un ministerial me salvo de otro asalto; el “Güero” y otros cinco, ya están en la cárcel

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Irapuato, Guanajuato.- 
Me disponía a comprar fruta para vender al día siguiente por las calles de Irapuato; en uno de los andenes de la central de abasto observaba que la piña y el melón tuvieran buen sabor y color, pero nunca imagine que en un “parpadeo” mi triciclo con el que llevaba más de 25 años, me lo fueran a robar, así fue como comenzó la historia en la que un “ministerial” me salvo y hasta una “zapatería” le puso al “Chango,” al “Güero” y a sus cuatro cómplices.

Isidro Vega, residente de la colonia Santa María,  de aproximadamente 50 años, relató la forma en la que fue asaltado por primera y segunda ocasión en una semana, pero también el modo en el que se defendió, inclusive arriesgando su vida, pues de no haber sido por un ministerial lo hubieran matado.

Ya era de noche, cuando regrese a mi casa con las manos vacías, mi esposa, mis dos hijos y mi nieta estaban cenando al momento que les relaté que me habían asaltado y ni siquiera sabía, quién había sido.

Al día siguiente uno de los guardias de la central, chivateo y me dijo que “El Güero” me había robado el triciclo y que ahí andaba como si nada, entonces le pedí permiso para darle su merecido; atrás de unas bodegas lo agarre a golpes y no me quiso decir, sólo mencionó que se las iba a pagar y que me cuidará.

Yo no tengo miedo, pero tenía tanto coraje y rabia de lo que había ocurrido, el triciclo y la fruta son el medio con el que mantengo a mi familia; a los pocos días conseguí un dinero prestado y compre otro triciclo usado, por supuesto.

En la avenida Ignacio García Téllez, a eso de las diez de la noche iba de regreso a mi casa, a lo lejos estaba un joven en un teléfono público, jamás me iba a imaginar que me quería golpear, cuando de repente comenzó a tirarme patadas.

Me defendí y alcance a darle un puñetazo, pero sentí un golpe tan duro en la espalda que me deje caer al suelo, eran seis muchachos, incluyendo al “Güero”; él me decía “ahora si te va a cargar la chingada, nadie se mete conmigo, te voy a robar este carrito también”.

Sólo sentía los “madrazos” en la espalda, en las piernas y en todo el cuerpo; las luces de una camioneta que iba pasando me ayudaron a espantar a mis agresores, dos de ellos se habían escondido entre los pilares del salón “vitrales”.

Saqué una varillita del triciclo y se la sonraje en la cara a uno de los delincuentes, cuando hice eso, las luces de la camioneta se acercaron, de ahí se bajó un hombre corpulento y me dijo “por qué le pegas, qué te hizo” contesté “me quisieron asaltar, me golpearon” y aún no terminaba, cuando le di otro varillazo en la cara al muchacho.

El hombre se identificó como Policía Ministerial del Estado y me dijo “ya déjalo”, respondí “ahí adentro –un lote baldío- se encuentra otro escondido” y sacando una lámpara ese hombre sacó al otro delincuente, lo subió a la patrulla y “lo hizo que hablara a su manera”.

El joven delató a sus “cómplices” y dijo que el “Chango”, el “Negro” y otros más habían sido; el ministerial, me dijo súbete ahorita vamos por ellos y acto seguido no sé cómo pero al poco tiempo teníamos a los seis que me golpearon.

Regresamos al mismo bulevar, ahí había dejado mi triciclo encargado, el ministerial, dijo que no era de su competencia y llamó a la policía municipal; los polis me llevaron a mí y a mis agresores a la cárcel, mientras que ese hombre de complexión robusta seguía su camino como si nada hubiera pasado.

El Ministerio Público comenzó con el proceso y como tenía mucho coraje, le dije “y si los vuelvo a tener enfrente –supuestos delincuentes- los vuelvo a enfrentar”, el MP me respondió “cálmese, si a usted le pasa algo o a su familia, vamos a ir contra ellos, ya están identificados, se van a pasar un mes en la cárcel”.

Así fue como en menos de una semana entre delincuentes, un policía ministerial, me ayudo y me salvó de que perdiera el segundo carrito, un segundo negocio, pues ahí va el esfuerzo de todo un día de trabajo vendiendo una fruta que sirve de sustento en mi familia.

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