
Cuerámaro, Guanajuato.- Cada 25 días, desde hace 30 años, unos 2,800 ejemplares de Rumbo de Cuerámaro salen a la calle y casi ninguno regresa. Detrás de ese periódico impreso, que sobrevivió a la llegada de los medios electrónicos, está Nicolás Cisneros Amador, un técnico en artes gráficas que aprendió el oficio mirando y que se ganó, a pulso, el título de periodista del pueblo.
“Pensábamos que nos iban a dejar en el pasado”, reconoce. No fue así. De cada tiraje apenas guarda 15 o 20 ejemplares para el archivo; el resto se agota.
De la calle 16 de Septiembre a las imprentas de Querétaro
Nicolás nació en Cuerámaro, en el número 18 de la calle 16 de Septiembre, “hasta arriba”, y dice de donde venía, “de una cuna muy humilde totalmente”.
Antes del periodismo se formó como técnico en artes gráficas. Trabajó en el Diario de México y después en tres periódicos de Querétaro: Rumbo de Querétaro, Noticias de Querétaro y el Diario de Querétaro. A este último recuerda que lo contrató Luis Roberto Amieva, a quien señala como “gran hombre”.
Después con el paso del tiempo, dejó Querétaro para abrir su propio taller de artes gráficas en Irapuato. Primero estuvo en Terán y Granaditas; luego, en la calle Pino Suárez, cerca de la extinta XEBO.
Nicolás o “Don Nico” como ahora lo conocen, está casado y tiene seis hijos. Entre ellos, Marisol Marcela, que vive en Chicago; Carlos Alberto, en Phoenix, Arizona; Xóchitl, casada y madre de cuatro; y el menor, el arquitecto Milton Nicolás Cisneros, “un profesionista muy confiable”.
Un periódico hecho “a mi manera”
No estudió periodismo, pero dijo “aprendiendo viendo es como se aprende”, explicó al empezar de cero, empujado por un viejo anhelo: “un día tener un medio que yo lo pudiera dirigir a mi manera”.
El proyecto nació con el nombre de Mensajero que tuvo que suspenderse dos años y regresó rebautizado como Rumbo de Cuerámaro, el nombre con el que hoy cumple 30 años.
Decir las cosas tuvo un precio, porque cuenta en Cuerámaro, fue un pueblo “con el arraigo muy marcado de caciques”, a quienes incomodaba un medio “que hablara con la verdad”. El momento más difícil llegó con un presidente municipal perredista, originario de Abasolo, durante cuya administración dijo que “se desató la inseguridad”.
Nicolás lo señaló en sus páginas y, aseguró, le enviaron personas a su domicilio para agredirlo físicamente.
¿Miedo? “Jamás” y recalcó “el miedo, cuando yo nací, ya lo habían repartido”. Y lo compara con la pobreza, que se reparte a las cinco de la mañana y a las once ya no queda nada. Sabe que el oficio tiene riesgos, pero recuerda que mucha gente pierde la vida “no solo por ser periodista”. Hoy, dice, puede hablar con libertad.
“No hay valor más grande que el de un tonto”
En tres décadas ha recibido felicitaciones por sus artículos y por el valor mostrado con una sonrisa dice “no hay valor más grande que el de un tonto”, subrayando que ha recibido apoyo económico de personas que a veces ni conoce y que solo le dicen: “adelante, ahí tienes”.
Recuerda en especial a Rogelio Govea, de Pénjamo, ya fallecido, que una vez financió ocho números del periódico y desde sus páginas, Nicolás mencionó que ha impulsado la cultura, el deporte “y todo lo bueno”. Su línea es clara: “siempre he estado del lado de la justicia”, sobre todo cuando se maltrata a los más débiles.
A los jóvenes de Cuerámaro, que estudian en medio de la escasez de empleo, les pide ser insistentes, “las oportunidades llegan en el momento menos esperado”. Él mismo lo vivió: “Dios empezó a abrirme las puertas cuando él quiso, no cuando yo se lo pedía”.
Y cierra con un consejo prestado de Cuauhtémoc Blanco, porque dijo que es chivista de corazón “alimenténse con frutas y verduras, sean felices, cuiden su salud”.

