Los ahorcados de la Calzada de los Chinacos

Grande fue la sorpresa de Alberto al ver que lo que le rozaba la cabeza eran los pies de una persona momificada que estaba colgada de las ramas del árbol…

Irapuato, Guanajuato

Eran las 2:53 de la mañana cuando Alberto, Jennifer y Manuel salían de conocido antro ubicado sobre Calzada de los Chinacos casi esquina con Lázaro Cárdenas con rumbo a sus casas a descansar unas horas, puesto que más tarde tenían que presentarse en sus respectivos trabajos.

-¿En serio no quieres que te llevemos Alberto?- Preguntó Jennifer.

-Cómo crees si ya sabes que vivo aquí nada más cruzando la Av. De la Reforma, más van a tardar en traer el auto que yo llegar a casa- Contestó Alberto despidiéndose de la pareja y emprendiendo el camino por Calzada de los Chinacos.

Llegando al camellón, pasando la calle Héroes de Nacozari, se tuvo que esperar bajo los árboles a que pasaran unos vehículos que en ese momento transitaban por el lugar, de pronto, se soltó un aire gélido que hizo erizar los pelos de la piel de Alberto, quien mirando instintivamente su reloj, vio que eran exactamente las 3:00 de la madrugada, sonriendo pensó “la hora del diablo”.

En eso estaba cuando sobre su cabeza sintió algo que se posaba, así que volteando y agachándose asustado trató de ver qué era lo que le rozaba la cabeza.

Grande fue su sorpresa al observar que lo que le rozaba la cabeza eran los pies de una persona que estaba colgada de las ramas del árbol, asustado retrocedió trastabillando y cayendo al suelo sin despegar la vista del hombre colgado del árbol.

Desde el piso se percató que la ropa del hombre se asemejaba a la usada por gentes en tiempo de la revolución, además de que su rostro se veía ya momificado, así como sus pies y manos.

A punto de desmayarse de la impresión, una mujer de avanzada edad se acercó a él y tomándolo del brazo le dijo:

-¿Qué le pasa joven? ¿Miró usted a los ahorcados de los Chinacos?-

-¿Ahorcados de los Chinacos?- inquiriendo el joven no saliendo del primer estupor y entrando a otro.

Sí joven, verá usted, durante el gobierno de Don Plutarco Elías Calles se llevó a cabo la guerra cristera. Cuando en el mes de julio de 1926 se recibió la notificación de suspensión de cultos aquí en el estado, que entre muchas otras cosas impedía el culto público fuera de los templos , hubo harta gente que se inconformó con esa ley y al igual que en todas partes del país, aquí también surgieron muchos rebeldes y movimientos armados.

Los cultos religiosos se hicieron encubiertos y las personas se arriesgaban a altas horas de la noche para asistir a misas clandestinas.

Las personas descubiertas eran hechas prisioneras por las fuerzas federales, torturadas y llevadas a la citada Calzada de los Chinacos, donde los hombres fueron ahorcados de las ramas de los árboles que ahora vemos.

Muchos de ellos fueron ahorcados con los demás cristeros, sus cuerpos eran exhibidos y posteriormente decapitados.

Los oficiales tenían órdenes de no entregar los cuerpos ni las cabezas de los ejecutados a los deudos, razón por lo que sus restos nunca fueron encontrados, ni recibieron cristiana sepultura.

Desde entonces hemos sido condenados a esperar eternamente, ellos ahí colgados y nosotros a buscar sus restos para el eterno descanso de su alma-

Dicho esto, la anciana se transformó en cadáver y luego en cenizas dejando a Alberto blanco de terror y en un completo estado de shock.

Cuando pudo reaccionar era la misma hora, las 3:00 de la mañana y estaban a su lado Jennifer y Manuel, quienes habían alcanzado a oír sus gritos corriendo a ver qué es lo que le sucedía.

Aun temblando de miedo, entrecortadamente les contó lo que le pasó y juntos se fueron del lugar rápidamente.

Se dice que algunas noches frías, cuando el viento sopla agitadamente, aun se pueden apreciar entre las ramas de los añejos árboles de la Calzada de los Chinacos, el alma en pena de alguno que otro ahorcado en busca de la paz que les ha sido negada.

 

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