Las momias pulverizadas -cuento-

Frank fue a buscar al Sam y al Lork. No los localizaba. Ni por Los Pastitos, ni en la Presa, ni en la Panorámica. Parecía que se los hubiera tragado la tierra

Por: Makabrown

¿Nos vamos a quedar así nomás, cruzados de brazos?, no hay turismo, no hay chamba, Guanajuato está muerto, le decía Samuel a sus compañeros guías de turistas.

Y no sólo Guanajuato, sino todas las ciudades del mundo estaban literalmente muertas. Aquella pandemia había sucumbido a la humanidad entera. La gente en cuarentena se resguardaba en sus casas por el miedo a contagiarse. Pero la gran mayoría que vive al día tenía que salir de sus hogares para corretear los frijoles.

Frank era un estudiante universitario de la escuela de artes. Llevaba gran amistad con Samuel. Aquel joven estudiante no había tenido clases durante los últimos dos meses por la misma crisis de salud. Su idea era quedarse a chambiar, pero no había trabajo.

-¿Qué propones we?, le contestaba Lork, el otro guía de turistas a Samuel.

-Lo que les contaba la otra vez. Ya ni se acuerdan, andaban bien pedos ¿verdad?.

-¡Ya suéltala cabrón!.

Recostados bajo la sombra de uno de los arbolitos de Los Pastitos, del lado de la exestación, planeaban los tres amigos cómo ganarse una lanita extra.

– La vez pasada, les contaba que se imaginaran que yo hacía un viaje a Egipto a visitar las pirámides. Ahí en medio de la arena y con el calorón se me acerca un guía de turistas egipcio. Ya saben… “llévelo, llévelo”!.

-¿Playeras?, preguntó Frank.

– ¿Charamuscas?, le dijo Lork.

– Nooooo. No manchen, ya les había dicho, parece que ni me hacen caso.

-Una pequeña efigie.

-¿Una efigie?, que chingados es eso, cuestionó el Frank.

Una efigie es como una pequeña escultura… puede ser de cualquier material. Imagínense la efigie de un faraón o de una pirámide. ¡Chingón! ¿no?.

-No le veo nada extraordinario.

-Dentro de la efigie, o de la esculturita… ¡polvo!.

-¿Soda?

-Noooooooo.

-¿Piedra?, preguntaban.

-Nooooooo.

-¡Polvo de momia! les decía emocionado el Samuel.

¿Polvo de momia?. Dentro de la pirámide hay polvo de faraón.

¡No mames!, ´ora si te la jalaste, le decía el Frank.
Ahora imagínense a los guías de turistas de Guanajuato, o sea, nosotros. Vendiendo pequeñas momitas con polvo en su interior… ¿creen que se vendan?.

-¿Y dónde vamos a conseguir “polvo de momia”?.

¿De dónde creen?…

Días después, Frank diseñó una pequeña escultura de plata en forma de momia. Los ojos tenían un pequeño espacio transparente, por donde se alcanzaba a ver el polvo.

Ya tenía los contactos para hacer en serie y en serio unas diez mil momitas de plata para su comercialización.

Frank fue a buscar al Sam y al Lork. No los localizaba. Ni por Los Pastitos, ni en la Presa, ni en la Panorámica. Parecía que se los hubiera tragado la tierra. Curiosamente veintidós momias desaparecieron. Veintidós. No una ni dos, como era la idea original. Sabían que sacarlas del museo era muy complicado por lo habían acordado chingarse la momita más pequeña.

Al Frank se le hizo rara aquella desaparición. Tanto de las momias, como de sus amigos. No alcanzó a advertirles, que al profanar los cuerpos de las momias les caería la maldición.

Aquella maldición que pocos en Guanajuato conocen: las momias están protegidas con un chip que colocaron los vampiros de la capital. Olvidó advertirles que tenían que desactivar el localizador o toda la dinastía caería sobre ellos, y todos sus descendientes.

Makabrown, líder de los vampiros ya estaba enterado. El ejército de vampiros se dirigían a la mina donde normalmente se reunían… la maldición estaba apenas por comenzar…

(continuará).

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