«he pasado semanas sin dormir, trasladando cadáveres a los panteones…»

Las noches que eran para dormir se volvieron de continuo trabajo fúnebre

Abasolo, Guanajuato.- Antes tenía la mala costumbre de publicar lo que pensaba sobre el mundo de la política, luego me di cuenta que es prácticamente una pérdida de tiempo. No obstante, tengo semanas rumiando una idea-temor.

Así como ahorita son las tres y pico de la mañana del uno de marzo, estos últimos tres meses prácticamente he pasado semanas sin dormir, trasladando cadáveres a los panteones, al crematorio ya fueran del hospital o de sus domicilios.

Las mismas mañanas y tardes que bien acostumbraba a estar en el despacho o en reuniones de morena, leyendo o jugando fútbol fueron ahora para estar en las frías y llenas de soledad despedidas de las personas que perdieron la batalla del covid. Las noches que eran para dormir se volvieron de continuo trabajo fúnebre. Al haber estado contagiado y recuperado, joven y relativamente fuerte, la carga laboral del negocio familiar me empujó a realizar esta labor por responsabilidad y solidaridad para no arriesgar a nadie más.

En Guanajuato, febrero y sobretodo enero fueron trágicos. Hubo muchas muertes fruto de las reuniones familiares de diciembre y las fiestas de fin de año. Aparentemente las personas tomaron conciencia al ver y saber de tantos muertos. Sin embargo, apenas les avisan que el semáforo es naranja asumen que el virus ya no es mortal o que uno mismo ya no será mágicamente transmisor de él. Precisamente esa fue la causa de tantas muertes, pensar que uno no se contagia, pero ser un transmisor irresponsable.

Hoy pienso y pienso que si bajamos la guardia vendrá una tercera ola incluso más triste y dura que esta última. Si se le suma la errónea idea del semáforo que «da permiso» de hacer esto y lo otro, si suman las vacaciones de semana santa y muy pronto las campañas políticas, el resultado será un auto genocidio.

En la política siempre, siempre, siempre el valor supremo será el de la vida. Nada hay tan importante como la vida de las personas. Por esa razón y después de tantos meses observando y siendo testigo de la parte más cruda y siniestra de una pandemia, creo que aunque puede sonar estúpido o ingenuo, las campañas políticas serán el foco transmisor más grave del virus mientras no hayan medidas estrictas donde quienes aspiran a un cargo de elección popular deberán respetar hasta los más mínimos protocolos de sanidad so pena de perder el registro de la candidatura pues si alguien no es capaz de respetar la vida de los demás, no será capaz de respetar nada.

Es un escenario muy complicado, adverso y delicado. Sin embargo, la política no es el fin de la política y el bien supremo de ella es la vida y no la realización de la actividad de la democracia representativa. Mientras no estuvieran vacunadas el porcentaje de personas necesarias según los datos científicos, no debería de haber elecciones. Es siempre, siempre, siempre más importante la vida. No esperen leer o aceptar eso de personas a las que solo les importa tener el poder como objeto y no como ejercicio de humanidad. Cualquier discurso sucumbe ante la muerte y en medio de la pandemia y la política lo primero que habría de existir sería autocrítica, humildad para reconocer los errores y reconocer que nada es más importante que la vida de las personas. Elecciones van y vienen, jodidos siempre hemos estado, gobiernos mediocres siempre hemos tenido en Guanajuato. Da lo mismo soportarlos 1 año más sin con ello se evita una tercera ola de contagios como consecuencia de las campañas. Relato contado por Job Gallardo Santellano.

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