El momento de Clío

bancoRey David Bárcenas Medellín

Hace unos días estaba yo formado en una de las filas que hago, en uno de los bancos que hay en el país, y que me hace el favor de guardarme mis ridículos pocos pesos, cuando dos personas que estaban delante de mi conversaban y decían:  ¿Estaría chido asaltar un banco, no?

Impávido, mire a mi alrededor para ver quien más los estaba escuchando, por que dichas personas, tenían un vozarrón y yo, francamente, no puedo imaginarme muerte más ridícula que la del que cae balaceado por policías bancarios, nada más por estar parado al lado de alguien que dice “Sí, estaría chido”.

Después de asegurarme de que no había peligro de que esto sucediera, me puse a reflexionar sobre las intenciones delictivas de estas dos personas y pensé que no hay razón en sí para suponer que robar bancos es buena idea. Si se trata de llevarse el dinero, es magnífico procedimiento; si se trata de perjudicar a los bancos, pues hay que aceptar que es como quitarle un pelo a un gato, si, en cambio, la idea es exasperar a los usuarios, pues bueno, la cosa se vuelve un éxito rotundo, por una simple razón, los bancos son en sí, por definición, instituciones que manejan dinero ajeno, así que el dinero que se llevan los asaltantes, es de los usuarios, por otra parte, el dinero que cuesta aumentar la vigilancia en las sucursales bancarias, como está sucediendo, lo pagan también los usuarios, parte a través del banco mismo y parte a través del gobierno.

Gracias a los adelantos actuales esta operación se ha convertido en algo muy variado e interesante, por ejemplo, se colocan dos camaritas estratégicamente, para con ellas captar todo lo que sucede en las oficinas bancarias que funcionan de nueva a cuatro cinco días a la semana y los sábados hasta las dos, si juntamos a todos los bancos que tiene este sistema y sus grabaciones durante un mes, tendremos como resultado la película más larga jamás filmada (y la más aburrida también) y muy probablemente la menos vista, por que cuando no hay asalto lo más seguro es que la grabación vaya de la cámara a la papelería de reciclaje.

Cuando hay asalto, en cambio, se proyecta la película captada la semana anterior y me la imagino proyectada durante cuarenta y dos horas  consecutivas, en un saloncito con butacas muy cómodas en las que duermen quienes investigan. Por fin se distingue una figura diminuta: Una mujer con anteojos negros y velo que saca una M16 de la minifalda. ¡Es la culpable!

¿Qué se hace después? ¿Pedir que se gire una orden de aprehensión contra todas las mujeres que se vistan con anteojos oscuros y velos? ¿O contra las que guarden un M16 en la minifalda?

Pero ese banco en particular en el que me encontraba yo formado al forjar esta reflexión, se inspiró en Julio Verne para diseñar su sistema de seguridad. En esa sucursal, hay una estructura de metal en la entrada que parece una escafandra y que hubiera puesto al capitán Nemo a dar brincos de gusto.

Debo confesar que no sé para qué sirve, en un principio pensé que era un anuncio publicitario, pero ahora, no sé porqué, he decidido que se trata de una medida de seguridad bancaria.

Nunca la vi en acción, pero puedo imaginarme varias posibilidades. La primera parte es: la cajera asaltada recibe, en vez de depósito o cheque, un papel que dice: “La tengo apuntada con una M16 (disculpe usted si repito el arma, pero es la única que conozco, increíble para alguien que vive en México, pero así es) Deme un millón de pesos”. La cajera no se inmuta mientras empieza a contar el millón, pero al mismo tiempo, oprime, con el pie un botón de pánico secreto, que transmite una señal a la escafandra. Lo que ocurre después entra en varias posibilidades: Una es que la escafandra, que es automática, al recibir la señal, cierra las puertas del banco y emite un gas que duerme por igual a empleados, asaltantes y usuarios, mientras llega la policía, que cabe decir, ha recibido la señal de la escafandra, después vienen las averiguaciones, de entrada, todos los clientes, al bote.

La otra opción es que la escafandra sea una especie de robot western y al recibir la señal, saque dos pistolas del cinturón y tenga un duelo con los asaltantes.

También es posible que adentro de la escafandra esté constantemente un policía aburridísimo, el cual, en caso de que la señal logre despertarlo, barrerá con una ráfaga de ametralladora y sin salir de su cubículo blindado, a todo ser viviente que este en la sucursal. Entre los cadáveres será más fácil identificar a los asaltantes, por ser los únicos que llevan narices, bigotes y cejas postizas, además de tener consigo las ya mencionadas M16.

Pero lo que me da más miedo no son ni los asaltantes, ni las balas, ni las escafandras, lo que más miedo da es que yo sólo iba al banco a depositar cinco pesos.

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