
Guanajuato, Guanajuato.- Cuatro “peligrosos” jóvenes que pegaban carteles del Partido Comunista Revolucionario (PCR), en el que militan, fueron detenidos. Guanajuato capital una ciudad tapizada de bardas con promoción a políticos fuera de temporada electoral y con carteles publicitarios en muros y bardas, la policía municipal actuó con rigor y cumplimiento del reglamento en vigor.
La detención ocurrió la tarde del domingo. Como poner un cartel para vender pizzas sí es un mensaje correcto, las buenas conciencias capitalinas vieron que estos chamacos, estudiantes y egresados de la Universidad de Guanajuato, pegaban otros con peligrosas incitaciones a la subversión: “¡Manos fuera de América Latina!” y “¡Vamos contra el capitalismo!”.
No pudieron ir contra el capitalismo; en cambio la policía sí fue por ellos y se los llevó a los separos de la comisaría municipal, tras pasearlos por la libertaria Alhóndiga de Granaditas y encerrarlos en los separos de lo que queda de la hacienda de Salgado, propiedad en otros tiempos de un terrateniente explotador y subyugador de las manos campesinas que creaban la riqueza apropiada por el burgués capitalista.
Pero como entre revolucionarios te veas, a su rescate –sin capa ni calzones sobre las mallas– fue uno de los combativos asesores de la bancada del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Francisco Escamilla, quien organizó una marcha de dos personas (él y quien le tomó la foto), para rescatar de las garras del Estado opresor a los gallardos combatientes de la igualdad social.
José Saúl, Nelson, Giovani y Mauricio salieron de la chirona como aquello de las ocho de la noche, luego de haber tenido la vivencia similar a la del filósofo comunista antifascista y teórico Antonio Gramsci. Él escribió “Los cuadernos de la cárcel”. Como ya es el siglo XXI, ellos difundieron “El tik tok de la cárcel”.
Por la noche, el PCR difundió un comunicado en el que acusaba al gobierno burgués neoliberal capitalista fascista proyanqui de Samantha Smith de censurar las ideas políticas y atacar la libertad de expresión bajo el pretexto de que “cometían faltas administrativas”.
La presidencia municipal puso a trabajar a sus medios afines, quienes publicaron:
“¡NO FUE POR ‘COMUNISTAS’, FUE POR DAÑAR GUANAJUATO!”
Lo libelos dieron categoría de vándalos a tan revolucionarios muchachos y remataron con una heroica arenga editorial:
“La libertad de expresión no da permiso para pintar, dañar o destruir el patrimonio de todos”.
Y para que vean que no hubo fascismo, represión o algo parecido, sino sólo defensa de nuestros valores históricos, remataron:
“Como ocurre con cualquier persona sorprendida presuntamente dañando mobiliario o espacios públicos, los involucrados fueron puestos a disposición de la autoridad correspondiente para cumplir con las sanciones administrativas aplicables, además de responder por los daños que, en su caso, se acrediten”.
En un pendón colocado cerca de ahí, una sonriente figura, con sombrero de sheriff y chaleco táctico, vio todo, respaldado por un mensaje pintado con colores de cierto partido muy católico, que dice “Hechos en Guanajuato”. Él no necesitó ir a la presidencia municipal a pedir permiso: se lo otorgó su esposa allá en El Milagrito.


