Correr para descansar de la mente

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“Correr conscientemente nos libera  de la mente”.
Abel Pérez Rojas

Opinión.- A simple vista podría parecer que no hay ningún vínculo entre correr  y meditar, porque la primera actividad conlleva movimiento y la segunda implica quietud y silencio. A pesar de las conclusiones a priori, en realidad hay una estrechísima unión entre correr conscientemente y meditar.

En breves palabras, meditar es darse cuenta de que nuestra atención se concentra en un determinado punto, idea o situación que inicialmente puede ser externo, pero que tiene por fin reposar en la propia conciencia y desatender cualquier otra idea para alcanzar la concentración, pero sin esfuerzo, como algo natural.

Las diversas escuelas iniciáticas que toman a la meditación como una de sus vías principales de trascendencia coinciden en señalar que no se trata de un acto de la razón, sino por el contrario, uno de los retos consiste en desprenderse del pensamiento racional y buscar la liberación de los pensamientos propios y de aquellos que hemos hecho de esa condición con el paso del tiempo.

De acuerdo con el controvertido maestro indio Osho (Bhagwán Shri Rajnísh, 1931-1990), la meditación es lúdica, creativa, es inacción, es libertad, es descanso y más.

Hay una cualidad de la meditación señalada por  Osho que vale la pena retomar para entender por qué se vincula ésta con correr conscientemente.

Una carrera larga implica hacer uso frecuentemente de las reservas de energía, nutrientes, líquidos, que acumulamos a través del tiempo para lograr llegar a la meta. También conlleva que gran parte de ese desgaste sea de naturaleza mental porque los pensamientos en el trayecto suelen atacar para hallar flaquezas en el corredor y debilitar su determinación.

Por ello la optimización de nuestra fuerza mental es vital al momento de desplazarnos y esto se consigue a través de la meditación. Dice Osho al respecto:

“…cuando no te quedas pegado a la mente, puedes usarla mucho mejor, de manera mucho más eficiente, porque la energía que usabas para adherirte a ella queda disponible. Y, cuando no estás continuamente en el terreno de la mente, las veinticuatro horas del día centrado en ella, también le das a la mente un tiempo de descanso”.

Correr conscientemente conlleva a círculos bondadosos implícitos de disciplina física y mental, aunque ahora debiéramos decir con mayor certeza en relación a esta segunda: disciplina o arte de la conciencia. Es decir, es necesario meditar para correr y correr meditando.

Osho dijo alguna vez al respecto del cansancio mental:

“Es el mecanismo (el de la mente) más sutil del mundo. En un cráneo tan pequeño, tienes una bio­computadora tan compleja que no existe aún ninguna computadora creada por el hombre que sea capaz de competir con la mente… Y estás usándola permanentemente. ¡Para nada, innecesariamente! Te has olvidado de cómo apagarla. Queda encendida durante setenta u ochenta años, funcionando y funcionando, y se fatiga. Por eso la gente pierde inteligencia: por la sencilla razón de que están muy cansados. Si la mente pudiera descansar un poco, si pudieras dejarla tranquila durante unas horas por día, si de vez en cuando le dieras un descanso a tu mente, ella rejuvenecería, se volvería más inteligente, más eficiente, más capacitada”.

No se trata de regatear los beneficios de la mente, de lo que se trata es de que tomemos consciencia que lo mental no puede tomar supremacía sobre el resto; de lo contrario vivimos al revés, porque la mente se convierte en nuestro amo, cuando ésta debería estar supeditada a la conciencia, he ahí el valor de correr conscientemente.

Correr nos recuerda que la mente no es el amo, que la conciencia en realidad lo es, porque ella es lo que somos.

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