Un regalo de Reyes -cuento-

-¿Cantas porque eres feliz?, le preguntó la abuelita. -No abue, más bien porque soy feliz… canto.

-¿Qué tanto haces Regis?

-¡Es una sorpresa!, dijo la pequeña, ¡es una sorpresa!.

-¡Anda, dime que haces!

-Escribo mi cartita.

Aquella pequeña de ocho años estaba muy entusiasmada por la Navidad. Tomó hojas de colores, pegamento, tijeras y colores. Llevaba horas y horas en su carta.

Los abuelos estaban preocupados, porque sabían que a causa de la pandemia la economía familiar no iba muy bien que digamos. La pequeña Regina tenía una vieja computadora con la que tomaba sus clases de primaria de manera virtual.

-“Seguramente pedirá a los Reyes una laptop nueva”, le decía la esposa de aquel viejecito.
Regina había quedado huérfana de madre… su padre nunca lo conoció. Aquel matrimonio de viejitos se habían hecho cargo de la pequeña, pero los últimos meses habían batallado mucho para salir adelante.

En Navidad cenaron una pasta y agua de limón. Regina cantaba y cantaba.

-¿Cantas porque eres feliz?, le preguntó la abuelita.

-No abue, más bien porque soy feliz… canto.

Cada día que pasaba la pequeña sorprendía a los ancianos. La cartita estaba en aquel humilde árbol de navidad, al que le faltaban luces, pero le sobraba esperanza.

Los ancianos no dormían por la curiosidad de lo que les había pedido a los Reyes. Estuvieron tentados a abrirla y decirle que… no sé… inventarse de que estaban en semáforo rojo y los Reyes Magos no podrían salir a repartir los juguetes.

Pero no tenían el corazón para hacerlo… tampoco el dinero para comprarle el celular o la computadora nueva que tanto necesitaba.

Llegó el día. Aquel cinco de enero le consiguieron un globo para que lo lanzara por el cielo junto a sus ilusiones, a sus sueños…

-¡Vámonos a dormir!, le dijo la abuela a la niña.

Con los ojos humedecidos la viejita no podía conciliar el sueño.

Al otro día Regina se levantó muy temprano. Los ancianos ya estaban despiertos tomándose un café.

¡Es hoy, es hoy! decía la niña más que contenta.

Encendió aquel viejo televisor mientras veía muy atenta las noticias.

“Les tenemos buenas noticias, a partir de hoy todos nuestros abuelitos pueden pasar a ponerse la vacuna contra la covid-19. Niños, díganle a sus abuelitos que los Reyes Magos han traído sus regalos. Hemos recibido cuatrocientas cuarenta mil dosis de vacunas… y las que faltan”, decía el conductor del noticiero.

-¡Sí se pudo abue!, ¡si se pudo!. ¡la consiguieron!.

Y así, la niña tomó de las manos a sus abuelos, con la carita sonriendo porque sabía que su deseo se había cumplido.

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