«Traes los ojos rojos» -cuento-

La neta esta todo poca madre. Al calor del alcohol ya todos perreabamos en la mesa, en el patiecito, en la cocina… en todos lados era un verdadero cotorreo.

Por: MakaBrown

Apenas dieron luz verde en la legalización de la mota y de pura volada se hizo la fiesta en el famoso callejón del Terremoto. No les digo en qué número, porque capaz y luego nos caen.

Llegamos tempra porque como dicen… el que madruga, más pisto alcanza…. O algo así. Había un chingo de mezcal, botana y muchas morritas reguetoneras. La neta esta todo poca madre. Al calor del alcohol ya todos perreabamos en la mesa, en el patiecito, en la cocina… en todos lados era un verdadero cotorreo.

Aparte de ser bien pedote, soy un fumador tan cabrón que los chacuacos me quedan cortos. Cuando salgo de fiesta siempre me llevo dos o tres cajas de cigarros… de los que sean… a veces unos chidos, a veces los más baras. Esa noche me lleve tres cajas… y nunca pensé que se me fueran a terminar tan pronto.

Toda la raza fumaba y muy pocos llevaban cigarros. Me empecé a desesperar y estaba a punto de ir al Oxxo por unos, pero una morrita, la Britny, me dijo que aguantara, que ella traía unos.

-“Son de guerra” me dijo mientras sacaba una sabanita y comenzó a darle con su traviesa lengüita.
Cuando terminó de lamer todo el cigarro se lo encendí y me lo roló. Soy honesto, en toda mi vida si acaso le había quemado las patas al satanás en dos o tres ocasiones.

Vi cuando en una de las ventanas se reflejaron las clásicas luces rojas con azul. Me asusté tanto que corrí a esconderme detrás de un ropero. Era la poli, obvio. Traía unos toquidotes mientras todos cagados de la risa les gritaban que no les iban a abrir. No entendía de qué se reían. De pronto un poli, todo guango, le dio una patada a la puerta y entraron.

Ya no supe nada. Solo seguía escuchando risas y la canción de “yo perreo sola”. Me asomé un poco y los polis estaban muy a gusto pistiando y fumando mota a todo lo que daba. No podía creer que una sola fumada me hiciera alucinar todo lo que estaba viendo.

De pronto la Britny fue a buscarme y me dijo que siguiera con ella en el cotorreo mientras me ponía sus brazos alrededor de mi cuello.

Me puso medio cachondo, pero no dejaba de ver cómo los pinches polis estaban tan quitados de la pena. Se despidieron de mi camarada el anfitrión, mientras pasaba nuevamente la juana por ellos.

¡Son sus amigos! no seas tontito, me decía la Britny mientras señalaba por la ventana las luces que poco a apoco se apagaban.

-¿Entonces no fue un alucinación?

-No… contestó.

-Entonces el cigarro que me diste…. Pues no me hizo nada.

-No… no te hizo nada. Aunque ….traes los ojos rojos.

-Claro preciosa, le dije a mi nueva amiga… tú nomas dime de dónde mero los traigo, le decía, mientras le daba otro jalonzote a aquel interminable carrujo…que aunque no lo crean… ya es legal.

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