Sobreponerse a los pequeños obstáculos

abelrojas

“Los pequeños obstáculos de la vida diaria
están vinculados a las grandes inercias
y al ejercicio de la libertad”
Abel Pérez Rojas.

Opinión

Me sacan de quicio los pequeños obstáculos de la vida a veces, y en otras me arruinan la vida: pequeñas pérdidas de tiempo, incumplimientos de lo acordado, diferencias de opinión, administración inadecuada de nuestros recursos, torpeza de los otros, inconvenientes de tránsito y mucho, mucho más…

Tienen que presentarse dos condiciones para que los pequeños obstáculos hagan mella en mí: que transcurra el tiempo y que la acumulación de los inconvenientes me traigan aparejados desaguisados.

Eso suele suceder porque en una actitud infantil estoy enfocado en el otro, de quien espero que asuma las condiciones que son más convenientes para mí, y dejo fuera mi responsabilidad de hacer lo que a mí corresponde.

Eso sucede porque no advierto que lo cotidiano encierra pequeños obstáculos que se interponen entre lo que pienso  y lo que hago. ¿No le ha pasado lo mismo, amigo lector? Si caemos en cuenta de lo anterior, podemos evitar pagar el alto precio respectivo en nuestras emociones.

En ocasiones, así mis hábitos perniciosos, mis vicios y mis temores, aparecen ante la luz de mi razón como si fueran imposibles de cambiar, porque los asumo como parte de lo que soy y que tal vez, equivocadamente, pienso que los heredé por vía genética.

Ya adentro en esa profunda confusión, creo que no puedo cambiar porque así soy, porque así somos, porque así nos criaron, y cuando lo llevamos al ámbito social llegamos a afirmar: “así somos los mexicanos”. Como esta falsa afirmación es común, se llega a asumir como una verdad; verdad que, como lápida, llevamos a cuestas.

Pero repasar el acontecer diario y contrastarlo con  el proyecto de vida propio hará que las interferencias  diminutas cobren una dimensión distinta y arrojen luz sobre elementos que cada uno debe de trabajar para progresar.

Una pista importante para detectar los pequeños obstáculos es contrastarlos con las grandes inercias y con el ejercicio de la libertad: yo asumo con qué ánimo tomar lo que pasó y de qué manera bajo mi responsabilidad puedo remediar o prevenir los resultados.

Me explico: la inercia es la prolongación del pasado en el presente, es la continuidad del rumbo y la orientación de lo que hacemos. Al vivir así,  el ser humano renuncia a poder cambiar, enmendar o virar hacia nuevas posibilidades. Como el pasado continúa en el presente, ello garantiza su prolongación en el futuro, y con ello se consolida el fatal destino.

Pero, si en cualquier momento podemos cambiar, entonces ¿por qué no podemos hacerlo?

Porque las prácticas repetitivas van creando hábitos que construyen laberintos mentales, vericuetos que debemos desarticular con acciones diferentes, eligiendo a cada momento responder y ser distintos, mejores de lo que hoy somos, y así construir una manera alternativa de enfrentar los inconvenientes de las cosas sencillas, para ganar experiencia de enfrentar también los grandes retos.

Una vez que empezamos a percatarnos de los pequeños obstáculos de la vida cotidiana encontraremos que  están  vinculados a situaciones más profundas y complejas de nuestra psique, y tendremos una visión global de nuestro ser, incluso podemos llegar a encontrar los profundos porqués que expliquen cómo fue que llegamos a ser lo que ahora somos. Sería lamentable que una vez dentro de esta dinámica perdamos la oportunidad de franquear lo que impide materializar nuestro pensamiento con la realidad.

La capacidad de transformar la realidad es lo que hará la diferencia diametral entre quienes imaginaron un mundo mejor y quiénes efectivamente cambiaron las condiciones de vida en él.  ¿O no?

Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com

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