Recordando a Miguel Hidalgo y Costilla, a 266 años de su natalicio

Miguel Hidalgo y Costilla, penjamense de nacimiento, fue apodado como “El zorro”, hablaba 7 idiomas, tuvo 5 hijos y el día de su muerte suplicó que le sirvieran un vaso de leche

 

Pénjamo, Guanajuato.- Miguel Hidalgo y Costilla apodado “El zorro”, nació en La Hacienda de Corralejo en Pénjamo, Guanajuato, un 8 de mayo de 1753, fue el segundo hijo y crece con sus tres hermanos en el seno de una familia criolla acomodada.

DATOS CURIOSOS SOBRE LA VIDA DE EL PADRE DE LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

Fue maestro de teología y filosofía con tan solo 17 años de edad.

Fue ordenado sacerdote en 1778  y en 1790 fue nombrado rector del colegio en el que realizó sus estudios.

Sus compañeros de escuela le apodaba “El Zorro”, debido a su inteligencia y distinción en sus estudios.

Hablaba 7 idiomas: francés, italiano, español y latín, que le permitía entrar en contacto con la Ilustración europea. Además dominaba purépecha, otomí y náhuatl.

Procreó cinco hijos: Agustina, Mariano Lino, María Josefa, Micaela y Joaquín, a quienes reconoció como tales.

EL DÍA DE SU MUERTE

El día de su muerte le sirvieron un desayuno de chocolate, lo tomó y antes de su fusilamiento suplicó le sirvieran un vaso de leche que apurado lo tomó. Enseguida se le avisó que era la hora de marchar al suplico, tranquilo lo escuchó, se puso de pie y manifestó estar listo. Avanzó 20 pasos, se detuvo porque el oficial de la guardia le preguntó que si se le ofrecía algo por último, a lo que contestó que sí, que quería que le trajeran unos dulces que había dejado en sus almohadas, se los hicieron llegar y los repartió a los mismos soldados que debían hacerle fuego. Caminaron detrás de él, los alentó y confortó con su perdón.

Besó el banquillo colocado cerca de la pared, y después de un altercado por negarse a sentar de espaldas, se sentó de frente y entregó a un sacerdote el breviario y el crucifijo. Le ataron las piernas a la silla, le vendaron los ojos, se colocó la mano al pecho, y concluyó  diciendo: «La mano derecha que pondré sobre mi pecho, será, hijos míos, el blanco seguro a que habéis de dirigiros”.

El pelotón disparó tres descargas que acabaron con su vida. Una vez desatado el cadáver, se colocó en una silla para la expectación pública, y al anochecer se introdujo al edificio donde le

Fue cortada la cabeza. Su cuerpo fue reclamado por los padres penitenciarios de San Francisco, donde lo velaron y le dieron sepultura. Días después, las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, fueron conducidas a Guanajuato y colocadas en los cuatro ángulos de la alhóndiga de Granaditas.

 

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