
Irapuato, Guanajuato.- Para Don Miguel Estrada Camarillo, hace tres años su vida cambió por completo, porque perdió la vista. El hombre a diario sale a vender dulces a expensas de que no ve, pero dijo seguir con el compromiso de ayudar con la colegiatura de su hijo.
El irapuatense de 63 años, vive en la calle Cóndor 270, en la colonia San Miguelito y desde su hogar, con bastón para invidentes, va “adivinando” si hay un tope, banqueta o calle, para poder llegar a la zona de restaurantes que están antes de Plaza Cibeles, porque ahí le permiten entrar a vender a los clientes.
Don Miguel de oficio albañil, relató que no sabía que tenía diabetes y que se quedaría ciego, detallando que cuando fue al médico, fue demasiado tarde, pues perdió la vista y solamente en algunas ocasiones, ve sombras.
“mi hijo estudia y mi esposa trabaja; no trabaja diario, un día sí, un día no y yo también salgo porque mi hijo necesita que lo apoye con la colegiatura, estudia para enfermero; como la diabetes no se siente, empecé con mareos, después empecé con piquetes en el cuerpo y fue cuando se me subió más y perdí la vista”, dijo el albañil.
Miguel Estrada de cuerpo delgado, baja estatura, dijo que no tiene algún tipo de seguro o ayuda del gobierno, porque aún no cumple los 65 años y desconoce si existe alguna manera de que pueda acceder a un apoyo.

