Lucy y Cami luchan por la inclusión educativa, en Irapuato

La historia de dos hermanas que convierten las secuelas de Cami derivadas de un trauma cráneo-encefálico en una lucha para que las personas con discapacidad sean incluidas en la educación

Irapuato, Guanajuato.- Lucy y Cami Alvarado además de la hermandad, las une una causa la inclusión educativa, que las personas con discapacidad reciban servicios educativos de calidad.

Originarias de Irapuato, estas hermanas han hecho de su experiencia de vida una motivación para abrir camino a ellas mismas y a otras personas con discapacidad dentro del sistema educativo.

Lucy, de 20 años, estudia una licenciatura enfocada en inclusión educativa. Su decisión no fue casualidad, sino el resultado de acompañar a su hermana menor Cami en terapias, escuelas y procesos de aprendizaje.

“Siempre he estado con ella, viendo lo que necesitan los niños con discapacidad, sobre todo en la escuela, donde a veces es complicado atenderlos como se debe”, explicó.

Cami, de 16 años, cursa la preparatoria en un área especializada para personas con discapacidad en el CBTIS 65. Vive con una condición derivada de un traumatismo craneoencefálico que afecta su movilidad, pero eso no ha sido impedimento para construir sus propios sueños y cursar los estudios de nivel medio superior.

“Me gustaría estudiar administración de empresas o psicología”, dijo Cami con seguridad.

La historia de ambas no está marcada por la queja, sino por la observación crítica y la esperanza. Lucy reconoce que, aunque ha habido maestras comprometidas en el proceso educativo de su hermana, aún existen áreas de oportunidad.

“No solo es mi hermana, también he visto a otros niños que necesitan más apoyo del que reciben”, señaló.

Desde su formación profesional, Lucy ha aprendido sobre distintas condiciones como discapacidad motriz, auditiva, visual, autismo o TDAH. Sin embargo, aseguró que la realidad fuera y dentro de las aulas aún presenta desigualdades, especialmente en infraestructura y accesibilidad.

“Depende mucho del lugar. Hay espacios muy adaptados y otros que todavía no lo están”, afirmó.

Por su parte, Cami reconoce avances en la ciudad. Recuerda que años atrás la movilidad era más complicada, pero hoy percibe mejoras.

“Antes no había tantas rampas, era más difícil, pero ya está mejor”, comentó.

A pesar de los retos, ambas coinciden en que la inclusión educativa en México sigue siendo un proceso en construcción. Lucy considera que las instituciones van avanzando, pero aún no están completamente preparadas para brindar todas las oportunidades necesarias.

“Creo que sí se puede lograr, pero todavía falta trabajar más en ello”, sostuvo.

Más allá de su historia personal, Lucy y Cami representan una realidad que viven muchas familias: la lucha diaria por una educación digna, accesible y verdaderamente incluyente.

Mientras una se prepara para ser maestra y transformar el sistema desde dentro, la otra avanza con determinación hacia sus metas, demostrando que la discapacidad no define los límites, sino las oportunidades que una sociedad esté dispuesta a ofrecer.

Su historia no solo inspira, también cuestiona: ¿estamos realmente construyendo espacios para todos?

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