Los niños no tienen la culpa

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“Pagaremos caro que nuestros infantes
vivan y mueran en medio de violencia” .
Abel Pérez Rojas.

Opinión

Cuando la violencia se recrudece y se vuelve un ingrediente de lo cotidiano, siempre toma como víctimas a los más desprotegidos, es el caso de los niños en México. Bien vale la pena reflexionar cómo esto definirá nuestro futuro.

En los últimos días, tres son los casos que indignan porque tienen como principales sacrificados a niños.

En las últimas semanas la opinión pública enfocó su atención en un problema que ha tomado proporciones catastróficas y similares a las que se habían visto en conflictos bélicos mundiales: la orfandad y desamparo de miles de niños, en esta ocasión, migrantes mexicanos y centroamericanos.

Pese a los esfuerzos públicos y privados, el fenómeno migratorio de infantes en esta región del planeta va en ascenso. Según la página oficial del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en México, la cual cita cifras del Instituto Nacional de Migración (INM), en el 2007 se estimaba que anualmente eran repatriados de Estados Unidos a México 40 mil niños y niñas, de los cuales alrededor de 18 mil viajaban solos. Sin embargo, para lo que va de octubre del año pasado a mediados de este mes, de acuerdo con las palabras de Héctor Espinal, vocero de Unicef en Honduras, se interceptaron en Estados Unidos a 57 mil infantes provenientes principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala.

Tal parece que el peregrinaje de niños a Estados Unidos no tiene para cuando acabar porque se trata de un problema complejo que amerita soluciones de todos los lados de las fronteras, en una latitud se debe brindar trato humanitario y en otra deben resolverse las condiciones de pobreza e injusticia que obliga el éxodo de los menores.

¿Verá nuestra generación al menos la adopción de una serie de medidas congruentes con las convenciones internacionales para la infancia? ¿Encararán los gobiernos involucrados la problemática migratoria de los infantes como una prioridad de carácter humanitaria?

A la par de lo anterior,  hace unos días elementos de la policía local y federal, cobijados por elementos del Ejército Mexicano, incursionaron en el albergue La Gran Familia en Zamora, Michoacán, en cuyo interior encontraron a más de cuatrocientos menores que vivieron situaciones insalubres, de reclusión, aislamiento, malos tratos  y algunos de ellos abusos sexuales.

A través de los diversos medios de comunicación hemos podido constatar con asombro las imágenes de hacinamiento  por el cual han pasado alrededor de cinco mil niños. Después de conocer el horrendo caso lo menos que podemos hacer es preguntarnos: ¿En qué momento se desvirtuó el sentido noble de La Gran Familia? ¿Cómo fue posible que políticos y funcionarios de todos los niveles protegieran y financiaran la labor de Rosa del Carmen Verduzco Verduzco, alias Mamá Rosa, sin que mediara supervisión alguna de la labor que se pregonaba? ¿Cuántos casos más habrá en México como el de La Gran Familia y  hasta cuándo se desarticularán?

Por último, el pasado 19 de julio, José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo falleció después de que diez días antes fue herido en la cabeza en medio de un operativo policiaco para disolver una manifestación en San Bernardino Chalchihuapan, Puebla, dicha protesta fue en contra del retiro del Registro Civil de las Juntas Auxiliares de esta entidad. Sobra decir que cuando sucede algo así surgen preguntas de toda índole: ¿Quién o quiénes son los responsables? ¿Se pudo haber evitado la muerte de un menor en un operativo de esta índole? ¿Cómo se resolverá este caso sin que quede la mínima duda de encubrimiento?

Hay interrogantes muy particulares en cada uno de estos tres casos, sin embargo emergen hilos comunes que no deben dejarse pasar: los adultos del mañana están siendo golpeados hoy una y otra vez de múltiples formas y no se ve para cuando cambien las condiciones, por ello es fácilmente previsible que en unos cuantos años la humanidad pagará muy caro haber tratado de esta manera a sus adultos cuando fueron niños.

Al tiempo.

Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com

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