Las diecinueve puñaladas que mataron nuestra amistad (cuento 006)

La primera fue la más difícil. Las otras dieciocho me hicieron sentir libre.

Por: MakaBrown

Por fin era viernes, y no había otra cosa que deseábamos que irnos a la casa para la pijamada que ya teníamos planeada. Teníamos refrescos, pizza, y varias pelis para pasar toda la noche despiertas.

Con Marce tenía más confianza y con ella podía platicar de todo. Mía era una niña muy fresa, de hecho la más fresa de aquel grupo de sexto A. Las tres teníamos doce años y ya estábamos haciendo planes para que nos pusieran en la misma secundaria.

-Dany, que te ha dicho Slender Man, me preguntó Marce.

-Quiere que sea hoy, ya no debe pasar más tiempo, le contesté.

Muchos han dicho que Slender es una leyenda, un personaje de esos cuentos de terror en internet, pero nosotras hemos tenido contacto con él los últimos dos años. De hecho, nos ha dicho que si queremos irnos con él tenemos que asesinar a Mía.

-Al principio eso nos parecía una barbaridad, pero poco a poco nos ha estado insistiendo. Mía no lo sabe, pero hoy morirá.

Cerca de las tres de la mañana, ya nos estaba dando sueño, pero Mía no se dormía. Marcela y yo estábamos que nos moríamos de sueño, me dijo que la acompañar al baño y ahí decidimos mejor dejarlo para la mañana.

Dormimos muy poco, realmente teníamos que esa inquietud de darle mate de una vez por todas. Cuando Mía se metió a bañar, Marce fingió resbalarse empujándole con todas sus fuerzas la cabeza de nuestra amiga contra la pared. Aunque el golpe fue muy fuerte, ni siquiera la desmayó.

Perdón amiga, perdón, me resbale con el agua del piso, le dijo Marce.

-Ten más cuidado, le dijo Mía, me duele mucho.

-Nos fuimos a caminar a la sierra. Con estas lluvias se respiraba un aire muy limpio… aunque a nosotros nos olía a muerte.

-Nos pusimos a jugar a las escondidas. Cuando Mía se escondió, se acostó en el suelo cubriéndose con hojas.

Yo la vi desde un inició. Ni siquiera lo pensé. Tomé el cuchillo de mi mochila y sólo esperaba la orden. En mi cabeza se escuchó la voz, aquella voz: “Ahora, enloquécete”.

La primera fue la más difícil. Las otras dieciocho me hicieron sentir libre.

Me regresé a casa junto a Marce. Íbamos en silencio y prometimos no contar nada. De hecho no habría tiempo, porque seguramente Slender iría por nosotras.

Lo que no contamos es que milagrosa e increíblemente ¡Mía no murió!. Un ciclista que paseaba por el lugar la ayudo a recuperarse en lo que solicitaba auxilio.

Si creían que aquí terminaba la historia, les diré que están muy equivocados. De hecho aquí es donde empieza mi historia.

Interrogatorios y más interrogatorios. Polis y más polis. Hasta que me cansaron: Ya se los dije una y otra vez… escuché esa voz que me decía que lo hiciera levanté mis puños y los bajaba con fuerza mientras les decía ¡y apuñalé!, ¡y apuñalé!, ¡y apuñalé!, ¡y apuñalé!, ¡y apuñalé!, ¡y apuñalé!, ¡y apuñalé!

Fueron diecinueve puñaladas que terminaron con nuestra inocencia, pero también con nuestra amistad. Ya han pasado seis años de aquel momento. Todavía me faltan treinta y cuatro para salir de este manicomio. Lo mejor de todo, que diariamente viene a mi cuarto Slender para platicar conmigo.

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