¿En realidad, hay quién nos cuide a los guanajuatenses o ya se volvió un mito?

Por Esaú González

Guanajuato

Los casos de violencia ya no son ni aislados, ni directos entre criminales; han alcanzado a empresarios, niños, amas de casa, estudiantes, se pudiera decir que a todos y la pregunta sería, ¿En realidad, hay quién nos cuide a los guanajuatenses o ya se volvió un mito?

En Guanajuato, Celaya, Irapuato, Pénjamo hasta en Xichu donde se pudiera expresar que ni el progreso llega, ni tampoco los gobiernos se han preocupado por hacer que esto ocurra, el tema de la inseguridad ya es parejo y sin mayor aspaviento.

Colonias se han enrejado, vecinos se han puestos de acuerdo para protegerse de los maleantes, algunos han equipado a sus “veladores” con casetas de vigilancia, celulares, inclusive armas, porque en el día a día eso es lo que más ha funcionado, es decir, los ciudadanos son los mejores estrategas para al menos paliar un poco el tema de la inseguridad.

Otra vez regresa la pregunta ¿en realidad, hay quién nos cuide a los guanajuatenses o ya se volvió un mito? Y la respuesta se cuenta por sí misma, pues pareciera que solamente el Ejército, la policía militar, Policía Federal, Fuerzas del Estado y Ministeriales se andan paseando en las calles, luciendo como si estuvieran desfilando, porque si llegan a algo es para acordonar.

En Guanajuato el mensaje se ha caído entre los tres órdenes de gobierno, que conocen que ya están en riesgo inversiones, inversionistas y que dicen que no ocurre nada, que no es cierto, pero por ejemplo en Irapuato, ya hay empresarios que se han ido huyendo a los Estados Unidos y otros más ya ni siquiera piensan regresar.

En realidad, los guanajuatenses podemos hacer algo o esperamos que al flamante Presidente de México o al gobernador del Estado a que se pongan de acuerdo y anuncien una super estrategia, porque las que llevan ninguna ha funcionado.

Guanajuato es un campo de guerra, es una cancha en al que juegan solamente los malos y donde los aficionados participan, porque el árbitro que se supone es la máxima autoridad se ha convertido en un aficionado más, en un “adorno” que a lo mejor si no estuviera, al menos los gastos que generan podrían usarse en calles, programas sociales, bueno en algo útil y no en algo “inútil”.

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