
Pénjamo, Guanajuato.- El maestro Juan Felipe García ha encontrado su lugar, dado que, en la Casa de la Cultura de Pénjamo, comparte su pasión como instructor del taller de cartonería, un espacio donde el arte popular cobra vida a través de las manos de niños y jóvenes.
En un salón lleno de figuras en proceso, donde el papel, el engrudo donde la creatividad toman forma, los sueños se materializan y se convierten en las figuras más extravagantes salidas de la imaginación.
Su historia no comenzó en una academia de prestigio ni en una universidad de artes. Juan Felipe estudió hasta la preparatoria, pero las limitaciones económicas lo alejaron de continuar su formación académica. Sin embargo, eso no detuvo su camino. “La vida me llevó por el arte”, dijo con sencillez, recordando los cursos que tomó en artes plásticas, manualidades e incluso maquillaje de efectos especiales.
Antes de convertirse en maestro, su aprendizaje fue autodidacta. Entre tutoriales en redes sociales y la práctica constante, comenzó a experimentar con la cartonería, un arte profundamente arraigado en la tradición mexicana. “Empecé haciendo piñatas, luego vi más técnicas y me fue gustando cada vez más”, relató.

La oportunidad llegó cuando se abrió una vacante como instructor en la Casa de la Cultura, decidió intentarlo y fue aceptado.
Desde hace apenas un año, Juan Felipe guía a sus alumnos en este oficio que, aseguró le exige dos virtudes fundamentales: paciencia y creatividad. “No es fácil, hay que saber esperar, moldear poco a poco y tener muy clara la idea de lo que quieres hacer”, explicó mientras observa cómo sus estudiantes dan forma a figuras que parecen salidas de un sueño.
Y es que en su taller no hay límites para la imaginación. Inspirados en elementos del folclore como las catrinas o los alebrijes, los niños crean personajes únicos: gatos de colores imposibles, criaturas fantásticas o figuras que mezclan realidad y fantasía.
Para el maestro, lo más importante es no frenar esa creatividad natural. “Los niños ya son creativos por naturaleza, uno solo tiene que ayudarles a que lo sigan siendo”, afirmó.

Más que imponer técnicas rígidas, Juan Felipe escucha. Se sienta con cada alumno, atiende sus ideas, por más “locas” que parezcan, y busca la manera de convertirlas en realidad. “A veces llegan con cosas que parecen difíciles, pero hacemos el esfuerzo para que queden como ellos las imaginaron”, dijo.
El resultado, muchas veces, sorprende incluso a los propios niños. “Cuando ven su trabajo terminado, se emocionan. Algunos dicen ‘así lo quería’ y eso es lo más bonito”, compartió el maestro de los sueños.
En cada figura de cartón no solo hay papel y pegamento, sino historias, sueños y un proceso de aprendizaje que va más allá de lo artístico. En Pénjamo, Juan Felipe García no solo enseña cartonería: está formando una nueva generación que aprende a crear, a imaginar y a creer en lo que puede construir con sus propias manos.
