Don Víctor es gran ejemplo de amor incondicional a sus hijos

"Cholay", apodado cariñosamente así, viudo y ex trabajador jubilado de la JAPAMI relata la historia de cómo le hace frente a la discapacidad de sus hijos Francisco y Mario

Irapuato, Guanajuato.- Don Víctor Manuel González Guevara, viudo desde hace 6 años y medio, con 61 años de edad, ex trabajador jubilado de la JAPAMI desde marzo del año pasado en donde destinó 32 años de servicio, relata la historia de cómo le hace frente a la discapacidad de sus hijos Francisco y Mario siendo un gran ejemplo de amor incondicional de padre.

Sus hijos, Francisco González con 28 años de edad siendo el mayor y Mario Arcadio González con 24, ambos con parálisis cerebral y retraso psicomotor, han venido siendo los ángeles y la principal motivación de don Víctor y su esposa María de los Ángeles González Rocha (q.e.p.d.) que han tenido en toda su historia.

Mario Arcadio sufrió negligencia médica del IMSS porque nació de forma normal e iba evolucionando bien, sin embargo a los 7 meses de edad, debido a una fuerte temperatura que derivó en convulsiones a causa de una meningitis, lo llevó de urgencias al seguro y lo estabilizaron, pero lo inyectaron mal en la espalda para sacarle líquido para estudiarlo y le dejaron mal de sus pies, de acuerdo a la información de una doctora con la que fueron a checarlo por fuera, les brindó ese diagnóstico y de ahí a la fecha ha tenido tal condición mental.

En el caso de Francisco, que fue bebé prematuro, tuvo que ser forzado al nacimiento, ya que comentó don Víctor que como era 8 mesino, con previa información de los doctores, era muy difícil que se lograran, incluso 6 o 7 meses no había tantos inconvenientes, pero en ese periodo los bebés tienen una evolución distinta por lo que resultaba riesgoso que naciera de 8 meses, así que de nacimiento ya presentaba discapacidad.

Don Víctor comentó que Mario reconoce cuando le hablan por su nombre, pero no acata peticiones o favores y Paco sí, estando en la misma cama, como la del mandato de pasar algún objeto, sentarse o acostarse.

Un día en la vida de don Víctor con sus hijos

“Me levanto en las mañanas y les doy su medicamento de control, les cambio el pañal y en seguida lavo la ropa que orinan, pues a veces suele suceder que orinan mucho y mojan el colchón forrado de vinil o lo que traen puesto, y les preparo el almuerzo, hacen del baño y me estoy con ellos, y si no los cambio a tiempo, se desesperan y ha coincidido que siempre me llega el pañal de Paco en la cara cuando estoy dormido en protesta para que los cambie lo antes posible.

Paco come manzana y cosas sólidas, pues se las lleva a la boca y Mario jugo, el cual le doy con biberón, o alimentos como frutas o huevo con frijolitos o con papas molidos y cuando les toca cita en el seguro se los encargo a mi hermana.”

En el CRIT de la ciudad no se los quisieron recibir e incluso fueron déspotas y crueles

En una ocasión que llevó junto con su esposa a Mario y a Francisco a las instalaciones del Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT), obtuvieron una respuesta negativa.

“Hace años, cuando mis hijos no cumplían la mayoría de edad, le dije a la doctora que nos atendió que por qué no nos los recibía, si era necesario, y comentó que no habían los especialistas para ellos y tenía que ser hasta que el gobierno los pusiera, y le comenté que por lo menos ahí estaba la hidroterapia para Mario, que no camina, pero aun así no quisieron,  entonces volvimos por medio de una carta redactada por una conocida dirigida al entonces gobernador sustituto de Juan Manuel Oliva, Héctor López Santillana, para que brindara apoyo a nuestra situación y nos atendiera personalmente el director del CRIT.

Íbamos bien ilusionados, era un 15 de diciembre, que fue cuando nos citaron, cumplíamos años de casados y a las últimas nos mandaron con otra doctora, el director no nos quiso recibir porque estaba en una junta, y nos dijeron lo mismo, así que le comenté que nos dijera otras cosas que no nos haya dicho la anterior doctora ya que tienen su retraso, pero no es total, entienden muchas cosas, y mi necesidad era de que me atendieran a mis muchachos, a lo que me dijo que debido a su discapacidad -duraban bien poquito- y le respondí: – usted no es Dios para disponer de la vida, de saber cuánto va a vivir, porque me dijeron que Paco iba a durar nada más 7 meses y mire ya cuánto tiene… 18 años-.” Relató don Víctor.

A raíz de ese comentario, comentó que hizo que su esposa se pusiera mala, ya que padecía diabetes y se retiraron desilusionados por hacer caso omiso a su petición y no volvieron a regresar e incluso un vigilante, un policía lo quería detener, lo agarró, pero don Víctor le expuso que no era ningún delincuente y que lo soltara y a la doctora le comentó que con todo y sus estudios no era forma de tratar a las personas, y con esas palabras que dijo eran para desanimarse y mejor se retiraron del lugar y ya no quiso volver a hacer el intento de que los apoyaran.

Un matrimonio ejemplar

“Lo que yo he vivido con ellos es que cada que ves a un hijo, que sepa de esa necesidad que ha tenido uno de padre, en el caso de mi persona, fueron 22 años de estar conviviendo con mi esposa que siempre ha estado conmigo desde el principio, nunca nos tocó tener un pleito de esposos, ni disgustos, incluso llegamos al grado de decir que nos peleáramos para saber lo que se sentía, pues he visto que luego de las peleas las parejas se quieren más, así que comenzamos a discutir y estábamos en un salón de fiestas, y Paco, que era el que sí se bajaba de su silla de ruedas, desde su discapacidad nos separó en ese momento y sonó la música y nos pusimos a bailar.”

Comentó Don Víctor que son “sus angelitos” y siempre fue la preocupación de su mamá y antes de irse, de fallecer, sabe que se llevaba en su mente a sus hijos.

Afirmó don Víctor que para él e incluso la gente que la conoció que no le dejará mentir, era una esposa amable y excepcional, con toda la vida que tuvo a su lado y a cargo del hogar y siempre con gran disposición al cuidado de sus hijos con gran actitud.

Siempre trabajando para sacar adelante a su familia

Antes y después que su esposa falleciera, don Víctor se dedicaba a ver alternativas además de su empleo de años en la JAPAMI en el 073 (Reportes) en donde atendía llamadas de quejas de la ciudadanía en turno nocturno, haciendo el aseo en oficinas de centros educativos, vendiendo frutas con chamoy, dulces, pintando cascarones de huevo rellenos de confeti para fiestas, entre otras entradas que tenía para los pañales de sus hijos, medicinas y demás necesidades.

“No es por vanagloriarme, pero no he dejado de estar al pendiente de mis hijos, porque yo respeto la vida de cada persona y de los papás que han dejado a sus hijos debido a su discapacidad, pero yo me siento a gusto hasta ahorita de lo que he hecho, aunque sé que pude haber hecho más, buscar más puertas, sin embargo así es como he aceptado la voluntad de Dios, sé que no soy perfecto, pero me considero uno de los pocos papás en el mundo que ve de esta manera por sus hijos en estas condiciones.”

Un mensaje de don Víctor para todos los papás con hijos en condiciones similares y a los papás en general

“Hay que dar el 110 por ciento, porque sabemos que los hijos nos necesitan, que no desfallezcan, que no decaigan, la situación conmigo es que me hace falta mi esposa, pero no le echen la culpa a nadie, que no los descuiden, puede que batallemos más o menos, que se den ánimos, que platiquen, que si van a tener un problema entre ustedes, antes se fijen en sus hijos, y basta con un solo beso o una sonrisa de ellos para decir -qué felicidad- y así hasta que Dios nos dé permiso”. Finalizó el padre ejemplar y amoroso don Víctor Manuel González Guevara.

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