Dialógica emocional y vejez

abelrojas

“Educar(se) con un viejo es la oportunidad
de abrevar de la síntesis de la vida
en sus distintos pasajes”
Abel Pérez Rojas.

Opinión

La etapa final -la vejez- y la cercanía de la muerte son pilares importantes para propiciar que la persona añosa repiense sobre lo que ha sido su vida y pueda reconciliarse consigo misma y con los demás.

Que un anciano acepte su analfabetismo emocional, implicaría reconocer que no obstante la admiración y respeto que seguramente genere en los demás, hay lagunas en su desarrollo personal; así que lograr esa reconciliación no es fácil.

Por otra parte, es más común el abandono de eso que llamamos consciencia;  el actuar inteligente entre las emociones y los sentimientos podría ser la diferencia para  que el individuo se dé cuenta de lo que sucede a su alrededor y en su vida interior, y lo viva con serenidad.

Participar en la educación de los viejos conlleva horizontes poco explorados porque, no obstante el ímpetu formativo hacia ese sector en las últimas décadas del siglo pasado, aún existe un déficit derivado de prejuicios y escasa investigación.

Compartir el proceso educativo de una persona de la tercera edad es muy distinto que hacerlo con cualquier otra. Esto, que parece obvio, suele omitirse porque generalmente las estrategias didácticas y el sistema educativo formal están dirigidos a la formación de los infantes y de los jóvenes como una reminiscencia de nuestro paradigma educativo de la primera mitad del siglo XX.

Cuando se piensa en los ancianos se parte del supuesto de que todos  son ejemplo de sabiduría, y que a esa edad ya asumieron con madurez el manejo inteligente de sus emociones y las discapacidades que van adquiriendo con el tiempo. Nada más lejano a la realidad.

Cierto es que en un tiempo los viejos tenían la sabiduría de los años, luego todo cambió con tal celeridad que hoy la información la detentan los más jóvenes, y por lo tanto se convierte, también, en una especie de lucha de poder. Por eso, sin tener una encuesta o estudio a la mano, me atrevo a sostener que la visceralidad y el analfabetismo emocional son predominantes también en nuestros ancianos.

Afirmo lo anterior a partir de un razonamiento que perdemos de vista: el alfabetismo emocional o, dicho de otra manera, el dominio inteligente de las emociones no es algo que se adquiera con el simple paso del tiempo. Requiere: transitar por lo cotidiano, fijar la atención y tomar consciencia de nuestro actuar en el día a día.

Todo lo que nos rodea pareciera distraernos de nuestra interioridad. Vamos por la vida sin hacer altos para recapacitar quién está detrás de nuestro actuar de todos los días: frente a un pasaje cualquiera nos dejamos llevar por la ira, el odio y otras emociones conexas. Pero no pasa por nuestro interior preguntarnos y respondernos realmente: ¿Quién está sintiendo la ira? ¿Quién o dónde está ese “yo” que se turba por las emociones?

La reconciliación con uno mismo y con los demás es un estado de paz, necesario en la vida. No habría necesidad de reconciliación si no hubiese divorcio, éste es precisamente un punto importante en el proceso de diálogo con un anciano, porque es común no reconocer que existe una desconexión entre las experiencias acumuladas, la emociones, el pensamiento y la conciencia que sintetiza, y está más allá del juicio que cada anciano pueda tener de sí mismo.

Así que el proceso de educación permanente de un anciano implica que quien le acompañe esté consciente no sólo de cuestiones médicas y psicológicas, también debe estarlo de una directriz filosófica que permita el establecimiento de diálogos interpersonales trascendentes e interacciones intrapersonales que clarifiquen el súmmun de la vida y la proximidad de la muerte.

¿Usted qué opina?

Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com

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