Abandono escolar: Camila volvió a creer en sus sueños y hoy iniciará el bachillerato

Una visita, el apoyo de su familia y el acompañamiento de su escuela cambiaron el rumbo de una historia que parecía terminar lejos de las aulas

León, Guanajuato.- Hace apenas dos años, Camila Arizbeth Reyes Barajas, estaba convencida de que la escuela ya no era para ella, había vuelto a cursar el segundo grado de secundaria y enfrentaba algunas dificultades en su entorno. Poco después de iniciar el ciclo escolar decidió dejar la escuela, lo que parecía el final de su trayectoria educativa.

Sin embargo, una visita cambió el rumbo de su vida. Una brigada del Voluntariado de la Gente, integrada por personal educativo acudió hasta su domicilio para buscarla, escucharla y conocer las razones por las que había abandonado la escuela, esto como parte de la Jornada Abre la Puerta a tu Futuro, impulsada por la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG).

Por primera vez, Camila sintió que alguien se interesaba genuinamente por ella. “Me preguntaron por qué ya no quería ir. Les conté que me molestaban en la escuela y que sentía que no iba a poder. Me dijeron que me iban a ayudar para que eso cambiara y decidí darme otra oportunidad”, recuerda.

El regreso no fue sencillo, pero tampoco estuvo sola. La escuela realizó las gestiones necesarias para facilitar su reincorporación, docentes, directivos, personal de apoyo y la psicóloga escolar trabajaron para ayudarla a ponerse al corriente.

Sus nuevos compañeros la recibieron con apertura, compartieron apuntes, la integraron a su grupo y poco a poco el ambiente escolar se convirtió en un espacio de confianza.

Con paciencia y acompañamiento, Camila también fortaleció habilidades que antes representaban un reto para ella, como la lectura y la escritura.

“Cuando regresé pensé: ‘Lo voy a lograr’. Empecé a echarle más ganas, estudié mucho para no irme a extraordinarios. Me siento feliz y orgullosa de mí porque sí pude”, expresó.

Ese esfuerzo se reflejó en sus resultados, concluyó la secundaria con promedio de 8.3 y obtuvo el puntaje necesario para asegurar un lugar en el Bachillerato SABES de San Pedro en León, donde iniciará una nueva etapa en las próximas semanas. Hoy incluso tiene claro su siguiente sueño: estudiar una Licenciatura en Derecho.

Pero detrás de cada logro también hay una historia de acompañamiento familiar: Su tía y madrina, Graciela Reyes Barajas, decidió no dejarla sola cuando más lo necesitaba. Mientras Camila recuperaba la confianza en sí misma, ella la acompañó diariamente en sus tareas, la llevaba a su trabajo por las tardes para estudiar juntas, buscaba resolver sus dudas y junto con el resto de la familia, creó una red de apoyo que nunca permitió que volviera a sentirse sola.

“No fue fácil. Al principio hacía la tarea conmigo porque necesitaba mucho acompañamiento. Poco a poco fue aprendiendo a hacerlo sola, ganó seguridad y empezó a creer en ella. Hoy verla emocionada porque ya quiere empezar el bachillerato es una satisfacción enorme”, destacó.

Para Graciela, el éxito de Camila no tiene un solo responsable, reconoce el trabajo conjunto de la brigada de recuperación, de los docentes, de la psicóloga escolar, de sus compañeros y de toda la comunidad educativa que creyó en ella.

“La brigada la hizo sentirse importante. Sintió que alguien fue por ella, que valía la pena regresar. Después vino todo el apoyo de la escuela y el de la familia. Cuando todos caminamos hacia el mismo lado, las cosas sí cambian”, dijo.

Hoy Camila ya no habla de abandonar sus estudios. Habla de prepararse, de seguir aprendiendo y de convertirse algún día en profesionista para retribuir el apoyo que recibió.

“Quiero seguir estudiando, tener una carrera y ser alguien en la vida. También quiero agradecerles a quienes me ayudaron. Un día, cuando termine mi carrera, quiero invitarlos a comer”, mencionó.

La historia de Camila nos recuerda que detrás de cada estudiante que abandona la escuela existe una realidad que necesita ser escuchada, y también demuestra que una visita oportuna, una palabra de aliento, una familia que acompaña y una escuela que abre nuevamente sus puertas pueden hacer la diferencia entre renunciar a un sueño o volver a construirlo.

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