LSD, cocaína y crack… relato de un ex drogadicto (Reportaje parte 1 de 2)

El placer deformado de las drogas en adolescentes: Guanajuato
“Mi mamá no me dijo nada, nunca hubo límites, no hubo reglas”

Por | Esaú González

Irapuato, Guanajuato.- “Era un placer deformado, el síntoma que me producía era pasarme a otro mundo”, así fue como decretó Leonardo lo que sentía cuando consumía drogas. El joven de 23 años, comenzó consumiendo alcohol cuando era niño y después de ahí probó tantas substancias que a la par robaba para poder solventarlas.

La historia de Leonardo Avalos es muy parecida a la de otros niños y jóvenes que recurren a las drogas como una forma de escaparse de su realidad, según relató el muchacho, quien actualmente se encuentra rehabilitado y está a punto de concluir una licenciatura en psicología.

Leo comenzó a parafrasear su vida a partir de los 13 años, cuando se puso una borrachera con los que eran sus amigos y decidió no llegar a dormir a su casa; al día siguiente en lugar de ser reprendido, dijo que su mamá no le hizo ningún comentario y a partir de ese momento no tuvo límites.

Originario de  Ecatepec en el Estado de México, pero radicado en Acámbaro, para ser exacto en la colonia Loma Bonita, Leonardo, fue deshilando cada año de su vida a través de las drogas. Primero fue el alcohol, después la mariguana, los inhalantes y de ahí la cocaína y el crack.

Para llegar a los niveles de intoxicación por los que Leonardo se generó, tuvo que perder a su familia, no estudiar y comenzar a delinquir, inclusive a su propia familia, porque la necesidad de estar drogado era una ansiedad que ya no podía controlar.

“En la fiesta de la comunidad unos amigos me invitaron unas cervezas, fue mi primer borrachera; cuando llegue estable mi mamá no me dijo nada, nunca hubo límites, no hubo reglas. En la misma secundaria comienzo a tener contacto con la mariguana, me puse muy mal, no sentía mis pies, me puse pálido, después ya no era tanto el síntoma, ya era fumar mariguana, diario, en la mañana, en la noche” dijo el acambarense.

El joven comentó que podía pasar desapercibido en el día su adicción a la cocaína y trabajar en una carnicería, pero al poco tiempo ni su familia toleraba estar con él, pues lo único que quería era morir en un tokín o con hongos.

“No pensaba en nada, yo creía que mi vida era morir en un tokín, en una borrachera, disfrutar de unos hongos y que eso iba a ser mi vida, viajar y conocer el mundo, ser un chico hipee, era mi vida rumba, tengo 23 años ahora” comentó el muchacho.

¿Qué tenías que hacer para obtener dinero?

“Cuando yo controlaba mi manera de beber, trabajaba en una carnicería y me iba bien, como deje de estudiar, me dedique a trabajar, cuando comenzada a consumir cocaína, podía empeñar mis cosas, vender mis cosas, llegue al punto de ser rechazado por mi familia, perdí mi trabajo, metía a mis amigos al cuarto, era de estar gritando, una niña de 14 años le dio una sobredosis”

¿Era rico drogarte?

“Era un placer deformado, el síntoma que me producía era pasarme a otro mundo, me daba seguridad, me sentía apto de convivir”.

¿Cómo Influía tu familia?

De mi familia es hasta este momento me doy cuenta que vengo de una familia disfuncional, nunca comprendía reglas y límites, siempre estuvo la ausencia de papá, mi mamá trabajaba de 6 de la mañana a las 10 de la noche.

Mi hermana está casada, ella fue prácticamente mi mamá, ella me cuidaba me daba de comer, cuando comenzaba a consumir ella ya no estaba conmigo. No pensaba en nada, yo creía que mi vida era morir en un tokín, en una borrachera, disfrutar de unos hongos y que eso iba a ser mi vida, viajar y conocer el mundo, ser un chico hipee, era mi vida rumba, tengo 23 años ahora.

¿Qué detonó dejar las drogas?

Hubo un detonante muy crucial en mi vida, cuando tuve una situación muy fuerte, me voy huyendo de la ciudad de México a la ciudad de Querétaro, no tenía familia amigos, yo ya traía la parte de querer cambiar, de despedirme de este mundo, ya no tenía la ilusión de seguir, ya lo hacía por costumbre.

En una ocasión en la que voy a hacer un trabajo delictivo, era una humillación muy fuerte, me ponían a descargar un tráiler robado, termine todo cansado mugroso, tenía un solo espejo y me vi, sentí mucha tristeza, mucha frustración hacía mi persona, en ese momento a Dios le dije que ya no quería vivir, inmediatamente no sucede nada, regreso a la casa de mi mamá, regreso derrotado, cuando llego al hogar, llego a tomar un trago de cerveza, inmediatamente tengo un contacto con el alcohol se me olvida, entre mi adicción fue muy vergonzoso, me metí a robar a la casa de una de mis primas, me demandó, era el tutelar o la clínica de rehabilitación, sentí mucho dolor.

En ese momento reaccione de otra manera, no puede ser peor de otra manera, empiezo a elegir otro tipo de formas, dentro de la institución (clínica de rehabilitación) termino mi secundaría, si yo salía iba a volver a las drogas, termino mi año y me voy a Acámbaro, en ese momento mi mamá me dijo que si yo quería volver a consumir era mi elección, pero ya no podía volver a la casa, opte por echarle muchas ganas, irme a mis grupos, mi junta de contención, en Irapuato tengo 8 meses sirviendo en la institución, comienzo a estudiar la prepa y después la universidad, estoy dando mis prácticas de universidad en psicología, ya la ansiedad está controlada o en equilibrio, tengo mi chica, mis hermanos les va bien” concluyó el muchacho.

Leonardo Avalo, psicólogo de 23 años

“Me voy a la ciudad de México de cambiar de ambiente, empiezo a consumir, la primer sustancia que empiezo a consumir era el PVC, eran los inhalantes, como es el tinher, los más frecuentes que yo consumía, después de ahí comienzo a brincarle con pastillas, con LSD, ribotrín, clonasepán, y pues todo iba combinado con el alcoholismo, empiezo a conocer tachas, de todo tipo, mi fondo cuando empiezo a consumir cocaína y crack” Leonardo Avalos de 23 años, ex drogadicto.

 

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