
Salamanca, Guanajuato.– En una de las manifestaciones de fe más importantes del estado, miles de peregrinos arrribaron este Jueves Santo al Santuario del Cristo Negro Señor del Hospital, en el corazón de Salamanca, para participar en las celebraciones de Semana Santa.
Desde tempranas horas, contingentes provenientes de municipios como Irapuato, Valle de Santiago, Jaral del Progreso, Villagrán y Celaya comenzaron a llegar tras recorrer más de 20 kilómetros a pie, como muestra de devoción, agradecimiento y cumplimiento de promesas. Para este 2026, se estima una afluencia superior a las 130 mil personas, consolidando esta tradición como una de las más concurridas en Guanajuato.
La imagen del Cristo Negro, considerada el símbolo religioso más importante de la ciudad, data del siglo XVI. Fue elaborada en 1543 en Pátzcuaro, Michoacán, mediante la técnica indígena de pasta de caña de maíz, y trasladada a Salamanca en 1560, cuando la localidad aún era conocida como Xidoo. Su nombre, Señor del Hospital, se debe a que fue colocada originalmente cerca de un hospital para indígenas.
El Cristo destaca por su característico color negro, el cual, según la tradición, adquirió de manera milagrosa como señal de protección y de su voluntad de permanecer en Salamanca. La figura, que representa a un Cristo muerto con la cabeza inclinada hacia el costado derecho, mide aproximadamente 1.80 metros y pesa apenas 13 kilogramos.

Durante el Jueves Santo, el Santuario Diocesano, ubicado frente al Jardín Constitución, se convierte en el epicentro de la fe, donde los fieles participan en rezos, cantos y el tradicional desfile de estandartes. Muchos de ellos acuden a cumplir mandas, algunas tras años de espera, en un ambiente de profundo recogimiento espiritual.
Aunque su festividad principal se celebra el Martes Santo, es durante el Jueves y Viernes Santo cuando la afluencia de peregrinos alcanza su punto más alto, convirtiendo a Salamanca en un punto de encuentro para miles de creyentes.
La devoción al Cristo Negro Señor del Hospital no solo representa un acto de fe, sino también un elemento fundamental de identidad para los salmantinos, quienes año con año mantienen viva una tradición que trasciende generaciones.
