
Abasolo, Guanajuato.- La ex hacienda de Ojo de Agua es uno de los lugares más emblemáticos de Abasolo y un pedazo de historia donde aún se pueden observar vestigios del pasado unidos con la naturaleza.
La ex hacienda, comúnmente conocida como Ojo de Agua, tiene poco más de cien años de haberse construido, de acuerdo con los pocos documentos que avalan su origen.

En su interior hay árboles de sabino que alcanzan hasta 30 metros de altura y 2 metros de ancho, gracias a la abundante agua que brotaba permanentemente de varios veneros y manantiales que salían entre las rocas.
La hacienda fue propiedad de la familia Amezola García, provenientes de Arandas, Jalisco. Antes de fallecer, el propietario heredó el lugar a sus hijas Emilia, Cruz y Narcisa, quienes solían montar a caballo y salir al pueblo.
Tiempo después, Cruz decidió vender la propiedad al señor Antonio Chávez, jefe político de Cuitzeo de Abasolo, quien pagó con monedas de oro y plata. Posteriormente, la heredó a su hijo Aurelio Chávez López, quien finalmente la vendió a sus últimos dueños, la familia Cortés Orozco.

La fachada principal del Ojo de Agua cuenta con arquitectura clásica y terminados en piedra pulida, acomodada de tal forma que da la apariencia de una fortaleza.
En el patio central hay una pequeña plazoleta donde se realizaban fiestas y comidas en honor a presidentes y gobernadores, así como celebraciones especiales. Los días con mayor concurrencia eran los jueves y domingos.
El lugar es considerado uno de los atractivos naturales de la localidad, ya que cuenta con abundante vegetación, como árboles de mango y guayabo, además de fauna como zorrillos, tlacuaches, tejones, conejos y armadillos, que han logrado subsistir gracias al agua que atraviesa la ex hacienda.
La vivienda fue construida por sus últimos dueños, la familia Cortés Orozco, a base de madera y adobe. Aún se pueden observar algunas habitaciones, aunque varias han perdido su forma debido al deterioro y al desprendimiento del piso.

A un costado de la casa existían dos albercas conectadas por una pequeña pared; se cree que funcionaban como estanques de reposo y eran abastecidas con agua caliente proveniente de manantiales cercanos.
En la parte frontal hay una vereda que conduce a lo alto de un peñasco donde se encuentra una imagen de la Virgen de Guadalupe. Se cree que en ese lugar ocurrió una aparición, por lo que cada 12 de diciembre es venerada por la ciudadanía.

Actualmente, los habitantes de Abasolo continúan visitando el sitio y aprovechan la sombra y frescura de los enormes sabinos para realizar reuniones.