Ni el Juárez ni Bellas Artes: un Cervantino que debe recomponerse

FIC: Una cuarta transformación lo deforma, un gobierno de la gente lo mantiene elitista

La programación del Festival Internacional Cervantino (FIC) era presentada en el palacio de Bellas Artes y en el teatro Juárez, los dos espacios culturales más emblemáticos de las ciudades de México y Guanajuato. El argumento podría ser la apertura a más personas asistentes, pero detrás de ese discurso oficioso hay algo más simbólico: un Festival que quiere dejar atrás un pasado que cree ya rebasado y plantea un presente muy cuestionado.

El programa de la edición 54 del FIC tuvo en la ciudad de México el Lunario del Auditorio Nacional, una sala de conciertos de tamaño mediano, construida para conciertos que no llenarían el recinto mayor; en Guanajuato fue el Auditorio del Estado, recinto que llenaron con acarreados de las dependencias y que generó un caos vial para llegar a él.

Sorprendió que no estuvieran presentes las secretarias de Cultura federal y estatal. El motivo: presentaban simultáneamente el programa del Festival en la capital del país. También que no hubiera estado especial invitado.

En la ciudad de México, Claudia Curiel de Icaza, secretaria federal de cultura, y en Guanajuato, la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo explicarían que se trataba de una muestra representativa de expresiones culturales de 20 estados.

En otros años, el lugar de invitado especial era disputado por diferentes entidades federativas: en esta ocasión nadie se anotó. La razón: la austeridad federal los deja solos. Ya no llegan a los estados los recursos que antes enviaba –pocos o muy pocos- la federación. Hasta hace poco algunas entidades morenistas recibían favor y castigaban a las de gobiernos de oposición. Hoy la democracia es plena: a ninguno.

Las críticas al programa

En la edición pasada, el FIC estuvo dominado por expresiones artísticas contemporáneas, varias de corte mercantil, y se minimizaron las propuestas clásicas. La alegría jarocha –como lo hiciera antes la oaxaqueña- salvó a una fiesta de espectáculos para hípsters y postmodernistas. Esta vez no habrá carnavales y la cultura popular tendrá que esperar mejores momentos.

El FIC siempre recibe críticas. Es parte de ese juego que se llama “democracia”. Lo que debe preocupar es que hay mucho sustento en ellas: pobreza en muchos espectáculos, un puñado de países, una dispersión de estados y un festival que cada año tiene la misma amenaza sobre su cuello: se lo van a llevar de Guanajuato.

Hay quién celebra esa posibilidad. El reto de recomponer el proyecto, pero mientras una cuarta transformación lo deforma, un gobierno de la gente lo mantiene elitista, bajo la idea de que la cultura sólo importa si es “sustentable”; esto es: si deja ganancias.

Habrá que ver quien en un futuro lo recompone. Y que sea pronto, no vaya a ser que sea reestructurado desde otra ciudad que no sea la Capital Cervantina de América.

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Periódico Notus
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