Llorar es la fortaleza

Columnistas Abel 660 x 330

“Es tal el trajín que a veces se nos olvida llorar,
pero cuando lo recordamos
vaciamos en nuestras lágrimas
lo que se nos atora en la garganta”
Abel Pérez Rojas.

 

Opinión.- Por supuesto que se equivocan quienes sostienen que llorar siempre es sinónimo de debilidad. Por el contrario, las lágrimas son a menudo signo de que en nuestro interior se libra una batalla que sólo quien la vive sabe la dimensión de lo que se trata.

En menos de ciento cuarenta caracteres, hace poco el actor Fernando del Solar lo dijo en una frase que estremeció las redes sociales y los medios de comunicación asiduos a las notas de la farándula: “A veces la gente llora, no porque sean débiles, sino porque llevan demasiado tiempo siendo fuertes…”

La frase conmueve y arrastra, sobre todo cuando se conoce parte de la historia reciente de Fernando.

El actor argentino radicado en México, cuyo nombre real es Fernando Martín Cacciamani Servidio, libra desde hace tres años una batalla en contra del cáncer de pulmón. Quienes han conocido de cerca esta enfermedad saben de los episodios difíciles que hay que atravesar.

Por si fuera poco, hace  unos días se hizo público la separación del actor con su actual esposa, la actriz Ingrid Coronado, con quien procreó dos menores.

Fernando pone el dedo en un renglón que es propio de lo que podemos llamar humano: la conciencia del dolor.

Al igual que Del Solar –sólo que sin los reflectores de la fama y en condiciones de pobreza e ignorancia- millones alrededor del planeta viven dramas que rayan en lo surrealista e insoportable. Y ahí en el anonimato escriben historias dignas de inspirar epopeyas.

Más allá de las meras reacciones orgánicas por el dolor físico o la acechanza del peligro que afecta nuestra dimensión psicológica, puede verse con claridad que los seres humanos podemos acceder a la conciencia del dolor.

En otras palabras algo –sea real o ficticio- nos aqueja, nos limita, nos turba y obstaculiza nuestro camino a la felicidad, al goce y ejercicio pleno de nuestras potencialidades.

En silencio sabemos que la vida se nos escapa cuando transcurren jornadas sin la posibilidad de encontrar la forma para vivir a plenitud, para gozar cabalmente de cuanto nos rodea y de agotar la ocasión de experimentar lo que implica ser humano y  la humanidad.

Ante la imposibilidad de ver más allá del drama diario de dolor, que termina convirtiéndose en lo cotidiano, las reservas internas de alegría van menguando y tarde o temprano se manifiestan en lapsos de desánimo y abandono.

En medio de ese panorama brotan oleajes de valor, como el que seguramente inspiró las palabras de Del Solar.

Amén de los esfuerzos por solucionar lo que nos aqueja, la conciencia del dolor va de la mano de la toma de conciencia de lo que somos capaces y en ese sentido la historia del hombre es rica de verdaderos actos de heroísmo que se dan en el día a día. ¿No es cierto?

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