
Irapuato, Guanajuato.- Ale Villafaña entró por primera vez a un salón de clases, tenía apenas 21 años. Hoy, después de casi dos décadas frente a grupo, asegura que volvería a elegir el mismo camino sin dudarlo. La pasión por enseñar, dice, sigue intacta, aunque en el trayecto ha sido testigo de una transformación profunda en los estudiantes y en la manera en que aprenden.
Desde 2007, la maestra ha impartido distintas materias, aunque actualmente está enfocada en las ciencias sociales, particularmente en historia y tutorías escolares. A lo largo de esos años ha observado cómo las nuevas generaciones han cambiado, especialmente en su relación con la lectura y la comprensión de textos.
“Historia siempre ha sido una materia compleja porque implica mucha lectura y teoría”, explica. Sin embargo, recuerda que sus primeros alumnos mostraban mayor interés por investigar, leer y profundizar en los temas. “Sí se veía más el gusto por la lectura y por investigar”, comentó.
Para la docente, uno de los factores que más ha impactado en esa transformación es la tecnología. Aunque reconoce que las herramientas digitales también despiertan curiosidad y facilitan el acceso a la información, considera que han traído consigo consecuencias negativas en la comprensión lectora.
“Ahorita ya actualmente para la mayoría de mis alumnos es más complicado leer”, señala. “Sí veo que la comprensión les ha costado un poquito más, a diferencia de los primeros alumnos que yo llegué a tener”.

Villafaña explicó que el acceso inmediato a la información ha cambiado la manera en que los jóvenes procesan el conocimiento. Aunque muchos estudiantes investigan más rápido gracias a internet, el hábito de analizar y comprender textos largos parece haberse debilitado.
Pese a ello, la maestra mantiene la convicción de que las ciencias sociales siguen siendo fundamentales en la formación de los jóvenes. Para ella, materias como historia permiten comprender el presente y evitar repetir errores del pasado.
“Dicen por ahí que si no conocemos la historia, tiende a repetirse”, reflexionó.
Durante sus casi 19 años de carrera también ha vivido momentos difíciles. Más allá de las complicaciones dentro del aula, lo que más le duele son las historias personales de sus estudiantes: problemas familiares, carencias económicas y jóvenes que deben abandonar sus estudios.
“Eso sí me pone triste”, admitió. “Hay alumnos que se quedan truncos por situaciones económicas y uno como maestro quisiera ayudarlos más”.
Pero entre las dificultades también han llegado las satisfacciones. La mayor de ellas, aseguró, es encontrarse con exalumnos convertidos en profesionistas y recibir de ellos muestras de cariño y agradecimiento.
“Verlos ya desarrollados en su profesión es algo muy bonito”, dijo con orgullo.
Para Ale Villafaña, ser maestra no solo significa enseñar fechas históricas o revisar proyectos. Lo más valioso ha sido convivir con generaciones enteras de jóvenes y acompañarlos en una etapa importante de sus vidas.
“Convivir con ellos, enseñarles lo que yo sé y ser un granito de arena en su trayectoria profesional, eso es lo más bonito de ser maestra”, concluyó.

