
Huanímaro, Guanajuato.- Eduardo Rodríguez es panadero desde niño, desde entonces aprendió el oficio que se hace presente en cada bautizo con las tradicionales canastas que cada fin de semana prepara para que los padrinos obsequien en cada festividad.
Eduardo aprendió el oficio de sus abuelos y de su padre, Antonio Rodríguez García, quien durante años le transmitió los secretos de una profesión que más que un trabajo, representa una forma de vida.
Mis abuelos y mi padre nos enseñaron este oficio desde pequeños, cuenta Eduardo, mientras recuerda los inicios de una historia familiar ligada al pan.
Desde que el cielo todavía está oscuro y la mayoría de las familias duermen, Eduardo Rodríguez ya está de pie. Son las tres de la mañana y el aroma del pan recién horneado comienza a llenar el espacio donde, junto con su padre, mantiene viva una tradición familiar que ha pasado de generación en generación.
La antigua panadería de la familia estuvo ubicada en la zona de Séptimo Congreso, pero con el paso del tiempo Eduardo decidió continuar el camino en un nuevo espacio en la colonia Las Praderas, donde diariamente junto a su padre prepara las piezas que llegan a las mesas de muchas familias.
Aunque tiene un hermano que también se dedica a la panadería en Estados Unidos, Eduardo mantiene aquí la tradición junto a su papá. Entre ambos elaboran el pan, siguiendo recetas que han viajado con la familia durante años.
Para Eduardo, cada pieza tiene un significado especial, porque detrás de cada bolillo, sema, quesadilla o pan dulce existe una historia de esfuerzo.
Bendito sea Dios, sale para la comida y para seguir adelante, expresa al hablar de este oficio que le permite sostenerse y continuar con el legado familiar.
El pan que acompaña los bautizos de Huanímaro
Entre los productos más especiales que prepara Eduardo existe uno que se ha convertido en parte de las celebraciones tradicionales de Huanímaro: las canastas de pan para los bautizos.
No se trata solamente de colocar piezas de pan en una canasta, sino de crear un regalo lleno de simbolismo. Los compadres acostumbran entregar estas canastas que pueden llevar polvorones, novios, pastelitos y hasta pequeños nidos de pan, dependiendo del gusto de cada familia.
Nos las mandan a hacer y con gusto se las hacemos, comentó Eduardo, quien sabe que cada bautizo representa una celebración importante para quienes reciben este detalle.
Las canastas pueden llevar desde algunas decenas de piezas hasta cientos, dependiendo del tamaño. Algunas de las más grandes llegan a contener alrededor de 300 panes, convirtiéndose en una muestra del cariño y la tradición que acompaña a las familias huanimarenses.
Una vida entre hornos y madrugadas
Ser panadero implica disciplina. Eduardo cuenta que todos los días comienza su jornada cuando muchos apenas descansan.

A las tres de la mañana inicia la elaboración del pan para después distribuirlo en comunidades y tiendas. Más tarde toma su carrito y sale al jardín a vender directamente.
La producción diaria alcanza alrededor de 500 piezas, además de otros productos como semas, quesadillas y diferentes tipos de bolillo: para torta, de punta o en tira.
Para él, después de tantos años de práctica, ningún pan resulta complicado. Cada receta forma parte de una memoria aprendida con paciencia.
Incluso su padre, aunque ya es mayor, continúa aportando conocimiento. Cuando viaja a Estados Unidos, regresa con nuevas ideas y recetas que después comparte con Eduardo.
Así, entre harina, hornos encendidos y el recuerdo de quienes iniciaron la historia, Eduardo Rodríguez mantiene viva una tradición que comenzó con sus abuelos y que hoy continúa llegando a las familias de Huanímaro.


