
Guanajuato, Guanajuato.- La plaza de las Ranas se vistió de fiesta para la coronación de Andrea Fernanda I como Reina de las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla 2026, así como de Mía I como Reina Infantil. De esa manera inicia una de las festividades más emblemáticas y arraigadas de la capital del estado. Sin embargo, también enfrenta cuestionamientos por considerarla una tradición clasista, elitista y arbitraria.
El acto fue encabezado por la Presidenta Municipal de Guanajuato, Samantha Smith, en compañía del subsecretario de Promoción Turística, Armando Gasca, quien asistió en representación de la Gobernadora del Estado.
La noche comenzó con un reconocimiento a María José I, Reina saliente del periodo 2025-2026. A través de un video conmemorativo.
La ceremonia contó con la respetable y ovacionada presencia de los mineros de Guanajuato, guardianes de la historia local, quienes rindieron homenaje a las nuevas soberanas. Asimismo, el cortejo real estuvo arropado por la calidez de diversas reinas, embajadoras y reyes que acudieron en representación de distintas asociaciones, organizaciones y comunidades de la capital, mostrando la unión y el tejido social del municipio.

Una vez concluido el protocolo solemne, la Plaza de las Ranas se transformó en una auténtica pista de baile. Miles de guanajuatenses y visitantes se dieron cita puntualmente para disfrutar del gran concierto de apertura a cargo de los legendarios Kumbia Kings.
La agrupación internacional encendió los ánimos de la vibrante cartelera artística de este año, logrando que todos los asistentes bailaran y cantaran a un solo ritmo, superando con alegría incluso la lluvia que, de manera simbólica, bendijo el inicio de estas fiestas tradicionales.
Con este magno evento, el Gobierno Municipal arranca una edición más de las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla.
El cuestionamiento ante la coronación y su arbitrariedad

La activista y abogada Iovana Rocha escribió sobre el tema. Dijo que en 2013, como directora del Instituto de las Mujeres en la capital, preguntó: ¿por qué la Reina de San Juan y Presa de la Olla la designa una autoridad, a puerta cerrada, entre hijas de familias cercanas al poder? No cuestionaba la fiesta, sino el método. Excluyente, clasista, anquilosado.
Añadió que una minoría le respondió: las del privilegio argumentativo, “no cualquiera puede ser reina porque para ir a Ashland hay que tener visa”. Y no cualquiera tiene dinero para vestidos, porque el municipio solo aporta una parte. Esa lógica exhibe una sociedad donde no estamos representadas todas.
Trece años después, esta semana, la presidenta municipal Samantha Smith presenta —sin sorpresa— a dos jovencitas como reina y princesa. Sin convocatoria abierta. Sin proceso distinto. Elegidas, otra vez, a puerta cerrada.
Explica:
En Europa, de donde viene la tradición monárquica, hoy vemos a mujeres de la realeza en la milicia o en ayuda humanitaria con enfoque de política pública. Aquí, la figura de la reina sigue anclada a “actividades rosas”, asistencialistas. Es un contrasentido para el llamado tiempo de las mujeres. Más grave cuando quien gobierna es, por primera vez, una mujer.
También señala que en 2013, durante la administración de Bárbara Botello, en León, se desplazó y sustituyó la figura de las reinas. Fue propuesta de la entonces regidora del Partido Verde Ecologista de México, Beatriz Manrique, quien en acuerdo con la alcaldesa impulsó transitar hacia espacios de participación para mujeres jóvenes, no de ornamento.
El gobierno de Alejandra Gutiérrez, expanista y ahora en Movimiento Ciudadano, reinstaló la figura. Rocha asevera: perpetúan tradiciones que les permiten discrecionalidad con algunas familias.
Prosigue: la gran mayoría de municipios, no solo de Guanajuato sino del país, mantiene esta práctica.
En Silao, la presidenta municipal Melanie Murillo anunció la semana pasada que habría una reina por cada comunidad y que sería elegida con “otro tipo de méritos”. Se trata de una propuesta más abierta, sí. Pero la denominación sigue cargando estereotipos: ¿por qué solo las mujeres debemos ser “reinas”?
Y plantea:
¿Por qué no nombrar el reconocimiento desde lo que importa? El trabajo, la capacidad, las aportaciones de mujeres jóvenes que hacen gerencia en su comunidad. Que el mérito sea liderar un proyecto de agua, de salud, de seguridad para otras mujeres. No portar una corona.
En una ciudad capital donde preexiste la violencia contra las mujeres, la única propuesta visible para las jóvenes parece ser hacer reina a la hija de una familia cercana.
Sostiene:
El gobierno de Samantha Smith no mide. No diagnostica. No acota. Gobernar en el tiempo de las mujeres no es repartir coronas. Es garantizar que jóvenes de las comunidades de La Trinidad, El Zangarro y El Chocolate caminen seguras a su casa. Es entender que las mujeres de la comunidad de Santa Teresa no viven igual que las de la zona centro. Es asumir que la falta de iluminación pública sigue siendo un escenario para que sean atacadas.
No existe política pública para ellas. No hay empleo. No hay prevención con presupuesto. No hay rutas seguras. No hay apoyos educativos sostenidos. No hay albergues ni casas de transición sufragadas desde lo municipal. La falta de caminos y de transporte les duplica el riesgo y el cansancio para sus jornadas escolares y laborales. La ausencia de centros de salud cercanos a sus localidades la pone en desventaja sobre cualquier practica de autocuidado respecto a las que viven en cabeceras municipales. Hay reina. Y la reina va a Ashland.


