Fidelio: la propuesta libertaria republicana de Beethoven

Ópera presentada en el teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña en la capital

Una escena de los ’70s latinoamaricano

Guanajuato, Guanajuato.- La proyección de imágenes vinculadas con la represión ejercida por dictaduras latinoamericanas como parte de la narrativa escenográfica de la ópera “Fidelio”, presentada en el teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña, tiene una razón: Ludwig van Beethoven, su creador, fue un apasionado republicano aun cuando sus mecenas era miembros de la aristocracia vienesa.

La presentación de la primera función de “Fidelio o el amor conyugal”, la única ópera de Ludwig van Beethoven, ofreció dos deleites: la puesta en escena en sí y el pretexto para que se pasara de la lucha republicana en la España de finales del siglo XVIII a la realidad latinoamericana del siglo XX.

“Fidelio” es una ópera concebida como una oda a la libertad. Es una producción conjunta entre la Secretaría de Cultura de Guanajuato, el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (Conarte) y la Secretaría de Cultura de Nuevo León. Se estrenó el 25 de abril en el Teatro de la Ciudad de Monterrey y en León tuvo su primera función este 6 de mayo.

El director de escena argentino Marcelo Lombardero, situó la historia de Leonora en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. En la versión original, la acción transcurre en una prisión de Estado cercana a Sevilla, a finales del siglo XVIII.

La trama: Florestán, un hombre que denuncia al gobernador Pizarro por abusos contra el pueblo, es detenido y encarcelado. Leonora, su esposa, se disfraza de hombre con el nombre de Fidelio y consigue trabajo como asistente del carcelero Rocco, quien tiene la custodia de los presos políticos y la encomienda de hacer morir de hambre a Florestán.

La mujer se infiltra y de ella se enamora Marzelline, hija del carcelero. La chica rompe con su prometido Jaquino, guardia de la prisión para buscar el amor en Fidelio.

Como hay denuncias por los abusos de Pizarro, el ministro don Fernando hace una inspección a la cárcel. Cuando Pizarro está a punto de asesinar a Florestán, Leonera revela su verdadera identidad e impide la ejecución.

Finalmente, los reos son liberados -incluido Florestán- y el ministro hace justicia.

La versión escenográfica fue planteada con referencias a las dictaduras de Chile y Argentina, principalmente, aunque en lo general aplica a la represión de los regímenes autoritarios de América Latina en el siglo XX. La trama contemporánea fue excelentemente bien lograda gracias a la proyección de videos de Carlos Hurtado, con imágenes de represión y tortura y una composición de fotos de desaparecidos, entre los que aparece el rostro de Florestán. Inerpretado por el reconocido tenor Ramón Vargas. Matías Otálora realizó una escenografía minimalista y simbólica para construir la atmósfera opresiva de la época, reforzado con el trabajo de iluminación de Roberto López Rodríguez. El vestuario diseñado por Luciana Gutman terminó por construir el simbolismo y la representación de la época, con las ropas raídas y al final la aparición de mujeres con pañoletas en sus cabezas, rememorando a las Madres de Plaza de Mayo, de Argentina. Todo lo anterior bajo la dirección escénica de Marcelo Lombardero.

Los intérpretes de “Fidelio”

El tenor Ramón Vargas mostró a un Florestán sin el nivel épico de la obra original, pero más emotivamente intenso.

La soprano mexicana Dhyana Arom en el papel protagonista logró un gran trabajo tanto en el canto como en la actuación. Su papel exige dos formas expresivas diferentes: la voz de mujer en Leonora y la voz de hombre joven como Fidelio. La gran ovación final premió a su talento.

La emotividad amorosa en la lucha por la libertad: Fidelio-Leonore (Dhyana Arom) y Florestan (Ramón Vargas)

So Ry Kim, joven soprano coreana, también logró construir un personaje de cierta ingenuidad, pero también coquetería. Fue una mezcla de un tono suave, muy oriental, con la exigencia sonora que reclama el cantar en alemán.

Los bajo-barítono estuvieron a la altura: Daniel Pérez Urquieta, interpretó al ministro Fernando y el argentino Hernán Iturralde estuvo en el papel del carcelero Rocco.

El barítono mexicano Jorge Lagunes dio vida al malvado don Pizarro y con timbre de tenor ligero, Alejandro Yépez -talento leonés- fue Jaquino, el enamorado de Marzelline, hija de Rocco.

El talento leonés Alejandro Yépez, en su papel de Jarquino

El bajo-barítono guanajuatense Daniel Pérez Urquieta fue el ministro Fernando. Alberto Yépez y Vladimir Rueda resaltaron en sus breves intervenciones como prisioneros y fueron muy ovacionados a pesar de su limitada participación

El coro del Bicentenario volvió a destacar por la calidad de su acompañamiento y por un excelente trabajo actoral como presos políticos.

José Areán logró un gran trabajo con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, aunque a veces la emoción de Beethoven los hacían más intensos y en algunos pasajes las y los intérpretes quedaron ligeramente debajo del volumen de la música.

José Areán logró una gran comunión entre canto y música; la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes le respondió con creces

Interpretar al vienés en una obra que transita del clasicismo al romanticismo no es fácil, además de que la obra, al ser creada por un compositor, tiene más intensidad musical que teatral.

Fidelio cumplió y el teatro estuvo casi lleno. Se ve que ha pegado el aumento del costo de las entradas, pero la inversión vale la pena: se goza de la ópera, pero también se llama a la reflexión sobre los temas contemporáneos. Por el culminar la puesta en escena con “Libertad!” en grandes letras y luego en diferentes lenguas, convierte a la experiencia en algo más que musical.

El Coro del Bicentenario no sólo fue motivo de largo aplauso por su actuación: fue el elemento visual y escenográfico que mejor exhibió un gran trabajo de vestuario

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