El amor virtual en Irapuato (antes del Internet). -primera parte-

Una historia jamás antes contada, cuando la pasión se respiraba por la Zona Dorada

¿Te imaginas cómo se hacían las amistades y noviazgos “virtuales” antes de que existiera el internet?.¿Puedes imaginar que había un modo de comunicación muy extraño y misterioso en la Zona Dorada de Irapuato a finales de la década de los ochenta? ¿Imaginas a los grandes amores y amistades, reales y virtuales se consiguieron gracias a esta “novedosa” hot-line?

La historia que les contaré hoy pareciera como sacada de un cuento. Pero les puedo jurar y megarecontrajurar que es ciento por ciento verdadera. Por cuestiones de privacidad de algunos personajes, modificaré su nombre para evitar meterme en problemas.

El sorprendente número equivocado.

Cierto día estaba en casa de un amigo por la colonia Los Eucaliptos. Era un viernes común y acabábamos de salir de clases de un colegio que se encuentra a algunas cuadras. Éramos felices y lo sabíamos. Platicábamos acerca del día siguiente en el que planeábamos la estrategia para por fin ganarles al “equipo de siempre” en el Centro de Convivencia (hoy Parque Irekua). Era febrero de 1988.

Éramos muy buenos jugando futbol, pero en la selección de la escuela éramos banca. Mitad porque nuestros compañeros eran muy buenos, y mitad porque llevaban buena amistad con el entrenador.

Nos prometimos entrenar por lo menos diez horas todos los sábados. Para nuestra sorpresa los chavos que jugaban al fut, la neta eran de otro nivel. La mayoría jugaba en la LIFA y por más ganas que le echábamos siempre terminábamos pagando los refres. Siempre, siempre. Ya éramos sus clientes. Ya hasta la doña de la tiendita sabían cuántos y cuáles. Era curioso, en aquella época los servían en “bolsita y con popote”.

Les podría decir que nos identificaban como el equipo de los perdedores. Pero era tanto, y tanto, y tanto, y tanto nuestro entusiasmo por el futbol, que poco a poco se fueron olvidando aquellas goleadas. Los últimos partidos era mucho más reñidos. Incluso llegábamos de definirlos en penalties.

Manuel. Llamaré a mi amigo Manuel. (¡huuuy que nervios!, espero no me descubra con esto de las redes sociales que he dado a conocer el secreto más oculto de “el número equivocado”).

En aquel entonces éramos los chicos más sanos que se puedan imaginar. Ni fumábamos, ni bebíamos alcohol. De hecho sólo éramos unos niños que soñábamos con patear el balón. Ese viernes por la tarde, Manuel fue hacia el refrigerador y sacó dos latas de cerveza. La neta no me asusté, pero debo confesar que si me sorprendí.

Con una servilleta limpió la parte de arriba, mientras me lanzaba por la mesa la otra cerveza.

-¡Anda cabrón, chíngatela!

-No estaba seguro si abrirla o no. Conocía tan bien a Manuel que estaba segurísimo que me tenía que contar algo muy importante. Nunca habíamos bebido juntos. Es más… nunca habíamos bebido.

Destapé la lata.

-Ya suéltala we, ¿qué te traes?.

-¿Has escuchado de “el número equivocado”?, me la soltó así de pronto mientras le daba un trago a su cerveza.

-¿El qué?

-El número equivocado, repitió.

-No sé de qué me hablas we, neta.

“Y si caminas por infiernos,

y si caminas con Dios,

seré tu complicé,

y te cuidareeeé…”

Manuel tarareaba la canción mientras se levantaba del sillón para bajar el volumen del estéreo. Recuerdo muy bien que escuchábamos “Princesa Tibetana” de Timbiriche.

-¿Neta, no sabes?, me dijo entre un tono emocionado y sorprendido.

-Pues no cabrón… ¿qué chingados es eso?.

-¡Ahhh ya me acordé, no tienes teléfono!. Mira mi cabroncito, te voy a contar algo con mucha discreción.

Manuel fue al refri y trajo otro par de latas.

Hay algo raro en Irapuato. Muy raro. Algo raro pasa con las líneas telefónicas. He conocido mucha gente we, mucha.

-¿Qué tienen de raro las líneas de teléfono?, le pregunté.

-Mira… tomas el teléfono, marcas un número equivocado, suena la grabación “el número que usted marcó, no existe, favor de consultar su directorio”… Ahí es el momento. No cuelgues. Solo di.. “Hola” o alguna mamada, lo que se te ocurra… y te responderán del otro lado.

-Ja, ja, ja, ja… te mamaste we, neta. ¿Cómo crees?.

Manuel no sonrió. Fue por el inalámbrico (que para aquella época era la tecnología de punta) y le dio un nuevo trago a la cerveza.

-Fíjate bien, -me dijo- mientras ponía el teléfono sobre aquella mesita de madera.

Marcó tres números. Seis-seis-seis. La cerveza ya estaba haciendo de las suyas y me dio tanta risa que no me podía contener.

-¡Asústame satanás, asústame!, ja, ja, ja.

-Puso el altavoz y efectivamente, sonó aquella grabación: “el número que usted marcó no existe, favor de consultar su directorio… el número que usted…”. Se repetía una y otra vez.

-Le iba a decir que colgara, que era absurdo.

-Manuel puso el dedo sobre sus labios.. ¡¡shhhh, cállate we!.

-“Hola”.. “¿Hola?”…. alguien por allá, pregunto a aquella grabadora.

“El número que..” … de pronto aquella voz, era muy dulce, era una chica, era extremadamente cachonda, y la neta… inolvidable.

-“¡Hola papi!”

-No manchen…. Les juro que casi nos…. Nos.. nos volvíamos locos.

-¡Hola muñeca!, respondió Manuel. ¿Cómo te llamas?.

-Sandy…. papi… soy toda tuya.

-Cuando dijo eso, nos volvimos locos.

-Arturo, soy Arturo, preciosa.

-Mmmmmm qué rico, me encanta un nombre, ¡es tan varonil que me siento toda mojadita!.

Manuel colgó.

-¿Por qué le colgaste we?, no mames…

-Era un vato.

-¿Un vato?. Cómo crees, que no la escuchaste?

A ver déjame a mí.

-¿Funciona si marco tres-tres-tres?, es que siento que esto es cosa del demonio, le decía todo excitado.

-Si we, da lo mismo, mientras sea un número equivocado.

-“Tres-Tres-Tres”, le decía mientras iba marcando.

-“El número que ….” Se escuchaba del otro lado.

-Hola… hola… ¡soy Arturo, preciosa!.

-“Chinga tu madre Arturo… ¡pinche joto caliente!”

¡Entré en shock!. Manuel se cagaba de la risa. Se orinaba literalmente revolcándose en el piso.

-¡Cuelga we, cuelga!, ha, ha, ha, ha.

Colgué.

¿Cómo funciona we?, ¿cómo funciona?, le preguntaba desesperadamente.

Mira… por lo que he aprendido, te puedo decir que es como una “hot-line”. Hay un “cupo limitado”, lo más que he llegado a diferenciar, son dieciocho voces en una misma llamada. Hay chicos y chicas. morritos y morritas, señoras y señores.

Hay algo que es muy importante que sepas, cuatro cosas: primero, nunca cabrón… nunca de los nunca reveles tu verdadera identidad.

Segundo: esta madre solamente funciona en ciertas colonias, las que he podido identificar son, Las Reinas, Las Rosas, CFE, Eucaliptos -obvio-, y La Pradera.

Tercero: puedes entrar a “la línea” desde un teléfono público. Metes una moneda… (incluso aunque no sea moneda), marcas igual, un número equivocado, y como la moneda sigue adentro, puedes conversar por horas y horas y horas. Nada más no abuses cabrón, te vas a ver muy sospechoso colgado de un teléfono público. Te recomiendo, que cuando se este haciendo la fila, oprimas el botón para que te regrese tu moneda, y te vas como si nada en lo que se desahoga la fila, sino te van a estar mentando la madre… y aparte, no vas a poder fingir con libertad.

-¿Y el cuarto?

El cuarto, y más importante: No te enamores. ¡No te enamojes!. Te lo digo en buen pedo we… esta madre es adictiva, se hace vicio… y conociéndote, vas a querer que todas sean tus novias. Tómalo como un juego, como unas novias virtuales… como un amor virtual.

(esta historia continuará… “Aprendiz de seductor”)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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