Dignidad y vejez

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“Para morir nacemos,
pero el carácter con el que asumimos
el puente de los extremos
es lo que cambia todo”.
Abel Pérez Rojas

Opinión

Con justa razón se afirma que, en algunos casos, con el paso de los años llega la madurez en todos los sentidos y con ello la sabiduría,  pero esto no es en automático ni por designio.

Afirmar que todas las personas viejas llegan a la sabiduría es como sostener que cualquier caminante por encontrarse en movimiento llegará a su destino. Igual que éste, la persona añosa puede extraviarse, caminar en círculos o desplazarse sin sentido.

El binomio vida/muerte, muerte/vida puede ser uno de los puntos de orientación en el andar digno de los últimos años.

Si bien es cierto, todos sabemos que desde el primer instante de vida nos queda menos tiempo de existencia y, aunque ignoramos el momento preciso de nuestra partida, frecuentemente las personas viven como si nunca fuera a llegar el desenlace.

Quienes sí han maridado madurez y sabiduría, afirman que se vive con mayor libertad, que se puede prescindir de cosas y situaciones superfluas.

También se dice que madurez y sabiduría dan paso a la valentía de decir y hacer lo que los compromisos y actitudes conservadoras impiden que llevemos a la práctica. Por ello, ese binomio puede ser culmen y madre que pare seres que arrojan luz y rumbo con lo que dicen y hacen.

Todos los días somos testigos de lo anterior, pero recientemente sobresalió un caso que contribuyó en que se revolvieran nuestros sentimientos y repercutiera en nuestras ideas.

El escritor, diplomático y político francés Stéphane Hessel escribió en el 2010 –con 93 años de edad- una obra que fue y es inspiración principalmente para los movimientos de protesta de los jóvenes: ¡Indignaos!

En ¡Indignaos!, Hessel exhorta a la indignación porque las cosas en el mundo no marchan bien, porque el mercantilismo voraz está acabando con todo y con ello se pisotean los derechos básicos de toda la humanidad.

También afirma Hessel que los jóvenes de antaño tenían su lucha más fácil contra enemigos concretos, con villanos como Hitler y Stalin, pero que ahora el enemigo está en todas partes y lo afecta todo.

Por supuesto las palabras de Hessel llevaron a la tinta y el papel la carga de lo que fue su historia de vida. Es oportuno recordar que en la Segunda Guerra Mundial Hessel fue capturado y torturado por la Gestapo, y fue recluso de los campos de concentración nazis: Buchenwald y Dora-Mittelbau.

En su vida diplomática, Hessel participó en la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En los últimos años de vida, también  logró sintetizar en ¡Indignaos! lo que en las cuasi noventa primaveras previas construyó.

Hessel, como otros, literalmente hasta el último minuto de vida aprovechó para hacerlo con dignidad y edificar su herencia intelectual y moral.

Así, Hessel alcanzó la fórmula inicialmente bosquejada: vejez, dignidad y sabiduría.

Hessel vivió años que tuvo como compañeras al hambre y a la muerte, vivió los horrores de la tortura y salió de ahí no para continuar su vida como lo hacía hasta antes de la guerra, salió revolucionado, emergió con una carga existencial que le hizo detonar gran parte de su ser.

En efecto, Hessel entendió algo básico: para morir nacemos, pero el carácter con el que asumimos el puente de los extremos es lo que cambia todo.

Abel Pérez Rojas (abelpr5@gmail.com / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com.

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