
Irapuato, Guanajuato.- Entre nervios, sonrisas y un rugido que anunciaba el inicio de la fiesta, Dulce Solórzano vivió uno de los momentos más emocionantes de su vida: participar por primera vez con su propio carro alegórico en la Cabalgata de Reyes de Irapuato y, además, ser la encargada de abrir la caravana del desfile del 5 de enero con la temática de El Rey León.
Aunque su debut como creadora de un carro alegórico fue reciente, Dulce no es ajena a la Cabalgata. Durante ocho años participó con otros contingentes, siempre con la inquietud de saber cómo se construía la magia detrás de los desfiles. “Desde niña yo me preguntaba cómo le hacían, por qué podían hacerlo” mencionó la debutante. La oportunidad llegó tras conocer a Carmelita, presidenta del comité organizador, con quien platicó y encontró el impulso definitivo para dar el salto.

Montar un carro alegórico, confesó, no es sencillo. “Nada, nada fácil”, dijo con firmeza. Detrás del brillo y la música hay disciplina, sacrificios y un compromiso total. Diciembre, prácticamente entero, se fue entre búsquedas de telas, diseño de faldones, vestuario, coreografías y la coordinación de cada integrante del contingente. “Uno tiene que dejar de lado muchas cosas para estar al cien por ciento”, relató.
El proyecto de El Rey León reunió a cerca de 40 personas entre quienes montaron el carro y quienes desfilaron: 12 participantes en la parte superior, nueve en la inferior y alrededor de 20 personas apoyando en el armado. Todos voluntarios. “Aquí nadie está a la fuerza”, afirmó Dulce, quien destaca el respaldo de su familia y de las familias de sus compañeros. Incluso hubo noches completas sin dormir para terminar los detalles finales.

El reto económico fue otro de los grandes desafíos. Dulce, quien se dedica al comercio y trabaja como manicurista, estilista y enfermera, explicó que el gasto fue elevado. Con apoyo de algunos patrocinadores, aportaciones del equipo y una pequeña cuota solidaria, lograron cubrir lo indispensable. “Fue más para tapar huequitos, porque el gasto es enorme”, señaló. Calcula que la inversión superó los 30 mil pesos, en su mayoría solventados con recursos propios y el esfuerzo colectivo.
Entre el equipo hay maestras, ingenieros, fisioterapeutas y otros profesionistas que sumaron talentos y manos. Incluso, en medio del cansancio, improvisaron espacios para ayudar a los voluntarios a recuperarse del agotamiento físico. “Era mucho estrés, pero era necesario, porque tenemos que salir a brillar, a regalarles una sonrisa a esos niños”, dijo con convicción.

Cuando el carro de El Rey León avanzó al frente de la cabalgata y abrió oficialmente el desfile, el cansancio quedó atrás. Para Dulce, ese momento valió cada sacrificio. Su historia es la de muchos ciudadanos que, desde el esfuerzo comunitario y el amor por la tradición, hacen posible que la magia de los Reyes Magos siga recorriendo las calles de Irapuato.

