Anselmo Conejo: Salamanca entre la calle, la familia y la política

Esaú González y Wintilo Vega: Comentando de Política (Podcast)

Una conversación que comienza en el presente político de Salamanca y termina recorriendo las raíces de un hombre que habla de su ciudad desde la familia, el trabajo, la solidaridad, los sabores y una militancia construida durante años; un encuentro para conocer no solamente al aspirante que busca encabezar una nueva etapa dentro del PAN, sino al salmantino que intenta explicar desde dónde viene y hacia dónde quiere caminar.

CUANDO EL PERSONAJE DEJA DE SER SOLAMENTE POLÍTICO

Sentarse a conversar con Anselmo Conejo permite descubrir muy pronto que detrás de la aspiración política existe una historia que comenzó mucho antes de cualquier proceso interno. Salamanca aparece en sus palabras como lugar de nacimiento, pertenencia y aprendizaje; como la ciudad donde conoció el trabajo desde muy joven, donde creció alrededor de una familia vinculada al comercio y donde fue construyendo una relación con la calle que todavía reivindica cuando habla de política.

Pero hay un episodio que cambia el tono de la conversación: la enfermedad de su hermano Óscar. Durante años, la insuficiencia renal obligó a la familia a conocer hospitales, tratamientos y esas largas jornadas en las que la enfermedad de una persona termina modificando la vida de todos los que la rodean. De aquella experiencia surgió después Fundación Conejo y una tarea de gestión social que Anselmo coloca como una de las partes fundamentales de su historia.

Ahí aparece un personaje diferente al que muchos conocen por la política. Habla del dolor sin convertirlo en espectáculo, de ayudar porque alguna vez su propia familia necesitó ayuda y de una enseñanza que parece atravesar buena parte de la entrevista: hay cosas que solamente se comprenden cuando primero se han vivido.

SALAMANCA TAMBIÉN SE CUENTA DESDE SUS SABORES

La conversación cambia de temperatura cuando aparecen los recuerdos familiares. Entonces Salamanca deja de ser municipio, estadística o territorio electoral y comienza a oler a comida. Aparece la birria de su abuela, aquella mujer que durante décadas ha sostenido una tradición familiar; aparecen los tacos, las carnitas y esos lugares que no necesitan explicación entre quienes han aprendido a reconocer una ciudad también por aquello que se come en ella.

Anselmo recuerda igualmente sus propios comienzos: vender chicles, dulces, veladoras, piñatas y botes de chiles; aprender que el dinero cuesta antes de aprender a administrarlo; crecer mirando a una familia para la cual trabajar no era una frase destinada a un discurso, sino parte natural de cada día. Después vendrían la profesión, los negocios, la actividad social y la política.

Y entre bromas, comida y recuerdos aparece una parte especialmente cercana del personaje. Porque conocer a alguien también consiste en escucharlo hablar de aquello que disfruta, de los sitios a los que vuelve, de los sabores que reconoce sin consultar un menú. En esos momentos la entrevista abandona cualquier solemnidad y encuentra algo mucho más difícil de fabricar: naturalidad.

LA POLÍTICA CUANDO REGRESA A LA CALLE

Anselmo Conejo tampoco esconde de dónde viene políticamente. Habla de Acción Nacional como su casa y recuerda aquellos años en los que ser joven dentro del partido significaba cargar sillas, participar en vallas, caminar colonias, tocar puertas e incluso convertirse en botarga durante la campaña de Vicente Fox. Su afiliación formal llegaría después, pero la militancia había comenzado mucho antes.

Hoy participa en el proceso panista de Salamanca y quiere encabezarlo. Habla de inseguridad, de calles deterioradas, de comercios que han cerrado y de una ciudad que, desde su perspectiva, necesita recuperar capacidad de gestión y confianza. Pero quizá uno de los momentos que mejor resume esa preocupación ocurre cuando deja de hablar como político y habla como padre: su hijo tiene diecinueve años y todavía siente la necesidad de llamarle para saber dónde está y pedirle que regrese temprano. De pronto la inseguridad deja de ser una cifra y adquiere la dimensión cotidiana de una familia esperando que alguien vuelva a casa.

Eso es lo que quisimos encontrar en esta conversación: no fabricar una biografía ni adelantar una campaña, sino conocer al hombre que hoy levanta la mano dentro del PAN de Salamanca. Sus raíces, su familia, aquello que ha vivido, lo que disfruta y la manera en que observa la ciudad donde nació.

Quizá ése sea el verdadero valor de esta conversación: permitir que durante un momento desaparezcan las etiquetas y quede solamente una voz hablando sin demasiados rodeos. Anselmo Conejo ríe, recuerda, cuestiona, reconoce problemas y también se permite imaginar.

Y cuando termina la charla queda una sensación difícil de fabricar en política: no estuvimos frente a un personaje tratando de parecer cercano.

La cercanía ya venía con él.

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